El equipo iraní debió cambiar su base a Tijuana por límites estrictos de Estados Unidos que afectan su logística y descanso.
"A nadie le importa" Irán


Por: Sergio Bibriesca
El Mundial inició con conflictos bélicos activos en distintos puntos del planeta. Uno de ellos, en Oriente Medio, incluía a Irán y Estados Unidos. Ironías de la vida, la Copa del Mundo llevó a la selección iraní a jugar en la Unión Americana sus partidos de fase de grupos.
Las fobias se han impuesto y la guerra ha sometido la participación de los persas en el Mundial a un escrutinio severo durante meses. En su momento se intentó negociar para que jugara en México, ante, primero, la negativa para el visado y, segundo, frente al retraso de los trámites. Finalmente hubo algunas excepciones para el equipo, pero no significó necesariamente un trato como al resto de competidores.
De última hora tuvieron que cambiar la ubicación de su concentración, que pasó de Tucson, Arizona, a Tijuana. La causa: el gobierno de Estados Unidos impuso a Irán límites de tiempo muy estrictos, lo que obliga al equipo a abandonar inmediatamente el estadio y el territorio estadounidense después de disputar allí sus partidos. A la delegación iraní se le permite entrar en el país un día antes de cada partido y, después, dispone del tiempo justo para llegar al aeropuerto y partir.
El domingo pasado, en cuanto el equipo llegó a Estados Unidos para su primer partido ante Nueva Zelanda, varios miembros de la delegación iraní tuvieron que responder a preguntas minuciosas de los agentes fronterizos estadounidenses. El proceso duró horas antes de que se les exigiera otro control exhaustivo fuera del aeropuerto para subir al autobús del equipo.
El tiempo que tardaron los trámites del equipo los obligó a cambiar de planes. En lugar de descansar en su hotel, los jugadores iraníes se dirigieron directamente al SoFi Stadium para cumplir con sus obligaciones con los medios y asistir a una sesión de reconocimiento de la cancha.
Paulo Alexandre Araujo, fisioterapeuta del equipo, contó a The New York Times que, tras el primer partido del equipo contra Nueva Zelanda, vendó a los jugadores durante el vuelo de vuelta a su concentración en México, un tratamiento que, según dijo, normalmente se haría en el vestuario. Ningún otro equipo del Mundial enfrenta las mismas restricciones.
Asimismo, el equipo médico no pudo realizar un seguimiento completo de las lesiones que los jugadores pudieran haber sufrido durante el partido.
A esa lista se suma que no viajaron los responsables de comunicación, analistas y otros miembros del personal necesarios para realizar tareas como gestionar los cambios durante los partidos.
El capitán de Irán, Mahdi Taremi, exdelantero del Porto y del Inter de Milán, le dijo al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que el equipo necesitaba más apoyo cuando el mandamás de la pelota, que le dio a Donald Trump el Premio FIFA de la Paz, entró en el vestuario para darles ánimos tras el partido.
"Cuando los jugadores tienen que esperar en el aeropuerto unas dos o tres horas, y al llegar se ven rodeados de tipos con ametralladoras y todo esto, no están acostumbrados a eso", contó Araujo.
Al terminar el juego en el que igualaron 2-2 ante los neozelandeses, el equipo se fue al aeropuerto de Los Ángeles. "Subir al avión presentó sus propios desafíos. Se instaló un control a unos metros de su avión, donde, de dos en dos, los jugadores y la delegación fue sometida a un segundo control de seguridad tras haber superado ya los controles de seguridad y de pasaportes dentro del aeropuerto. Tardamos más de tres horas en subir al avión", dijo Araujo. El equipo llegó a su base en Tijuana luego de las 2 de la mañana.
"A nadie le importa. Esta no es forma de tratar a los deportistas cuando se habla de competición justa", acusó el fisioterapeuta.
X: @Sergio Bibriesca