La victoria en la Copa del Mundo se acompaña de un acto simbólico que refleja la persistente reivindicación argentina.
"Nacimos para sufrir"; una victoria moral


Por: Sergio Bibriesca
X: @SergioBibriesca
"Nacimos para sufrir". Así resumen los argentinos su paso por la Copa del Mundo, pero no sólo eso, es una filosofía de vida. Esa frase abarca todos los rubros en el país. Tras años de dictaduras, corrupción y desfalco, millones –sí, millones– deargentinos han aprendido a convivir con el sufrimiento día a día. Tres cada de 10 argentinos son pobres. Es decir, casi 14 millones no tienen una calidad de vida digna, acceso a vivienda, alimentación y educación.
Los datos oficiales –controvertidos, pues ahora mismo se debate sobre la metodología oficial– sitúan la pobreza infantil en torno al 40 por ciento. Casi la mitad de los niños en el país es pobre. Es decir, 5 millones. Es un montón.
El salario mínimo ronda los 372 mil 400 pesos argentinos al mes (unos 4 mil 382 pesos mexicanos). Para no caer en la indigencia –la pura supervivencia alimentaria– hay que ganar casi el doble que el mínimo, 689 mil (8 mil 120 pesos mexicanos). Algo más, para no ser pobre en el país ya se necesitan más de 1.5 millones de pesos argentinos (17 mil 666 pesos de acá).
Como acá, la gente allá trabaja todos los días, se levanta temprano, empuja, aguanta, pero bajo ninguna circunstancia puede ser considerada integrante de una clase media que se achica a pasos agigantados.
Se sufre un montón, pero por 90 minutos, con sufrimiento incluido, claro –si no, no sabe–, esos millones encontraron una alegría, pequeña, pero que no encuentran en otro lugar; algo muy propio del futbol –o fulbo–.
Argentina, con un veterano mariscal de campo inacabable, remontó al equipo de la liga de futbol más poderosa y adinerada del planeta. Jóvenes dirigidos por Lionel Scaloni, la mayoría provenientes de barrios populares, impulsados por el hambre en todos los aspectos, volvieron a sacar un partido que parecía que estaba perdido.
Los temas extracancha también jugaron, impulsaron. Playera azul, como en el 86 y 98, cuando Argentina ganó en cuartos y octavos de final a los ingleses. El Diego y Leo, zurdos (más Maradona, se entiende); los dos, los mejores de sus tiempos. El último baile del nuevo 10, las Malvinas...
Aunque Scaloni mandó un mensaje en la previa llamando a no mezclar la política y el deporte, una vez conseguida la clasificación, el equipo decidió dejar un mensaje claro sobre el histórico reclamo argentino por la soberanía de las islas.
Al final del partido, el mediocampista Giovani Lo Celso mostró que la herida de la guerra sigue ahí, que fue parte del vestuario y, al final del juego, sobre la cancha del estadio de Atlanta desplegó una bandera frente a la tribuna argentina que rezaba: "Las Malvinas son argentinas".
El mensaje se produjo pese a las recomendaciones realizadas por la FIFA, que prohibió el ingreso al estadio de banderas, camisetas o carteles con imágenes de las Islas Malvinas o mensajes vinculados al reclamo de soberanía, al considerarlos contenido político.
La restricción había sido confirmada por la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, quien explicó que esos elementos serían retenidos en los controles de acceso. No importó.
Leandro Paredes dijo tras el partido que la victoria para el país es "algo único, así que espero que estén contentos con el triunfo". Además, a pregunta expresa de una reportera sobre el mensaje mostrado por Lo Celso, sobre la pertenencia de las islas, respondió sin titubeos: "Y serán siempre argentinas".