El narco y las redes corporativas continúan condicionando elecciones en varias regiones, poniendo en riesgo la voluntad popular
¿No todos deberían votar?


Por: Juan Ortiz
El clip de un pódcast desató un fuerte debate en redes sociales, aunque la idea es un poco vieja. Por un lado, alguien cuestiona "si el voto de un doctor debe pesar igual que el de un joven de 18 años que echa la hueva". Mientras que la contraparte propone exigir "un nivel mínimo de conocimientos para votar".
Para mí es un enfoque equivocado, porque México todavía no resuelve lo más básico. Y es que millones de personas no votan y las redes clientelares y corporativas ejercen mucha influencia. Además, el narco quita y pone gobernantes.
QUIEN VOTA
En las elecciones presidenciales, el promedio de abstención ronda el 40%, mientras que en las intermedias llega a cerca del 50%. Si estás en una mesa de 10 personas, eso quiere decir que sólo votan cinco o seis de ellos.
Algunos temen de las personas que votan, cuando el problema es que millones deciden no hacerlo por varias razones: hartazgo, miedo, falta de representación o porque simplemente ese día no pueden.
Y antes de medir quién sabe más, urge garantizar que la gente pueda votar sin amenazas, dádivas ni acarreo, y sin que la falta de recursos o de accesibilidad se lo impida.
LOS FILTROS
La idea de limitar el voto ya tiene su tiempo aquí. Hubo una época en México en la que sólo votaban hombres con propiedades o con cierto nivel de ingresos. Las mujeres lograron el derecho a votar hasta 1953. Además, antes de 1969, sólo podían votar los mayores de 21 años. Así que no somos ajenos a ese tipo de restricciones.
Aunque recientemente han tomado fuerza algunas ideas que se posicionan como alternativas de la democracia actual. La epistocracia, defendida por el filósofo Jason Brennan en Contra la democracia, propone que algunos derechos políticos dependan de conocimientos, mediante exámenes, más de un voto por nivel de conocimiento y vetos de expertos o ciudadanos sorteados y capacitados.
En paralelo, el también filósofo David Van Reybrouck plantea en Contra las eleccionessustituirlas con espacios de participación deliberativa, donde personas comunes son elegidas por sorteo, sin otros filtros, para que estudien un tema, escuchen especialistas y tomen decisiones.
EL MÉXICO REAL
Esos modelos sirven para ampliar el debate, pero lo cierto es que México tiene mucho que resolver antes. Las redes corporativas y clientelares siguen vivas. La compra y la coacción del voto aparecen todavía con programas sociales, operadores territoriales, sindicatos y gobiernos locales.
En varias zonas, el crimen define antes de la elección quién compite y quién debe ganarla. Hay estudios de organizaciones como Integralia que han documentado amenazas, financiamiento ilegal, imposición de candidaturas e intervención en casillas.
Y no vayamos más lejos, ahí está el caso de Sinaloa. No olvidemos que Rubén Rocha Moya reconoció que obtuvo su candidatura por dedazo de López Obrador, lejos de una encuesta interna. Luego vinieron denuncias sobre intervención del narco en 2021 y, hasta hace poco, acusaciones desde Estados Unidos por vínculos con el Cártel de Sinaloa. Ahí no se respetó la voluntad popular.
Por eso, el debate sobre quién merece votar parte de un diagnóstico equivocado. Antes hay que reducir la abstención y deshacernos de las redes de coacción. También hay que sacar al crimen de estados y municipios. Después podremos discutir si hay mejores formas de ejercer nuestros derechos políticos y otras alternativas para elegir a nuestros representantes.
EL DATO INCÓMODO
Morena marcó como prioridad en la agenda legislativa limitar el uso de redes sociales e inteligencia artificial. El argumento será proteger a niñas, niños y adolescentes, pero el riesgo está en cómo pueda afectar nuestra libertad de expresión y protección de datos sensibles.