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Vozinha, arquero de 40 años, debutó en una Copa del Mundo y detuvo los ataques del campeón España, ganando reconocimiento global.

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Sergio Bibriesca

Estamos embriagados de relatos de los de arriba. Sabemos que Kylian Mbappé sale con unaactriz y que se fue de minivacaciones con ella. Que Lamine Yamal tiene de pareja a una novia que utiliza sandalias Zara (sí, de eso se hacen notas) y temas por el estilo. Pero poco nos interesemos por sus vidas previas, cuando eran como cualquier ser terrenal. Y hay otras vidas de estas sombras de colores que se mueven en el televisor que vale la pena contar, porque inspiran y muestran que, a veces –muy a veces–, los sueños se cumplen.

Vozinha, portero de Cabo Verde, se hizo mundialmente conocido el lunes. Maestro de voleibol de playa en los veranos para juntar algo de dinero, el arquero de 40 años debutó en una Copa del Mundo tapando todo lo que intentó el tetracampeón europeo y campeón del mundo España.

Tras el juego, Josimar José Évora Dias contó que su madre no pudo viajar a Estados Unidos para verlo jugar porque no tuvo el dinero para tramitar la visa, algo así como 435 dólares. Lamine Yamal gana 76 euros por minuto en el Barcelona. Con cuatro minutos de su sueldo sobraba para pagar el visado. Ayer estuvieron el portero y el delantero frente a frente por unos minutos.

Vozinha, un término en portugués que se traduce como abuelita, y que adquirió el portero porque fue criado por sus abuelos cuando era pequeño, pasó de tener 50 mil seguidores a casi 13 millones en unas horas, en un reflejo del reconocimiento de nuestros tiempos. Nada mal para un jugador que debutó profesionalmente a los 26 años.

Poco después ese día, Egipto y Bélgica entraron en acción. Los africanos pusieron contra las cuerdas a la eterna promesa de los Diablos Rojos. Romelu Lukaku entró al minuto 65 y en menos de 20 segundos provocó el empate para los europeos. El atacante, de ascendencia congoleña, tuvo una infancia difícil. Un día, al llegar de la primaria, descubrió que su madre mezclaba la poca leche que había en casa con agua para que rindiera toda la semana y pudiera alcanzar para él y su hermano. "Muchas veces me decían que ya habían comido, pero yo sé que eso era mentira. Sólo lo decían para que yo pudiera comer. No éramos sólo pobres, estábamos quebrados", contó en una entrevista en 2018.

Por la noche, Irán enfrentó a Nueva Zelanda. En un juego a priori invisible para muchos, los iraníes se repusieron dos veces en el marcador e igualaron con los kiwis. Los persas salieron de Tijuana a Los Ángeles. Llegaron el domingo para reconocer la cancha y la conferencia de prensa previa. Tras el juego, no pudieron descansar en el país. Tuvieron que salir casi de inmediato de vuelta a México. 

En la cancha están bien custodiados. Su portero, Alireza Beiranvand, se crio en una familia nómada de la etnia lak, que son, en la mayoría de los casos, pastores en el suroeste de Irán.Cuando llegó la adolescencia, su familia se asentó y quería que Alireza siguiera la tradición de pastoreo, pero el hoy portero se escapó. Pidió dinero prestado y compró un boleto de autobús con destino a Teherán. Fue a buscar una oportunidad en el club Naft. Sin dinero, durmió en la calle, hasta que le dieron la oportunidad. Mientras entrenaba, tenía trabajos temporales como lavacoches, empleado en restaurantes de pizza e incluso barrendero.

Sus destacadas actuaciones lo llevaron a dar el salto al futbol europeo, donde militó en clubes de Portugal y Bélgica. Además, se consolidó como una pieza clave de la Selección de Irán desde su debut en 2015, y hoy juega su tercera Copa del Mundo.

X @SergioBibriesca

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