La defensa de la soberanía nacional, el avance del crimen organizado y el discurso presidencial son analizados en una columna que cuestiona quién ejerce realmente el control del país y cuál es el papel de la clase política frente a la violencia
Presidenta al grito de guerra; cuando el himno pide unión y la política exige bandos

¿Quién decide en México: las agencias extranjeras o el pueblo? ¡El pueblo!
"La patria no se vende, la patria se ama y se defiende".
"Podemos tener diferencias, pero en México decidimos las y los mexicanos".
"Que viva la dignidad del pueblo de México. ¡Que viva México!
Cuatro de las afirmaciones, arengas o provocaciones que la Presidenta de México gritó en la plaza del Monumento a la Revolución, en cadena nacional, para todos los mexicanos en31 estados de la República.
Lo hizo con la clara intención de ser escuchada, para que sonara "fuerte y claro", inclusive más allá de nuestro territorio.
Haciendo gala de su investidura, como la máxima representante popular. Se tomó el atrevimiento no sólo de hablar en nombre de todos los mexicanos, sino de exponernos a serios riesgos en el plano internacional.
Aunque decenas de académicos y analistas han explicado el concepto de soberanía, la Presidenta, "de no todos los mexicanos", insiste en afirmar que negarse a combatir y extraditar a la clase política mexicana corrupta representa un acto heroico de defensa de la patria, como si se tratara de una invasión territorial que afectara a nuestra independencia nacional.
Lo que ella no acaba por comprender o, peor aún, no le interesa entender, es que México y sus ciudadanos hemos perdido la vida, integridad y libertad por lo menos desde hace 25 años, cuando dejamos de trabajar, circular, viajar y convivir entre nosotros mismos.
Hemos perdido la soberanía al ser invadidos por estructuras criminales que han llegado al cobro de un predial criminal, sí, a pagar para tener derecho a vivir en un territorio que hoy, dicen, pertenece a los cárteles y que las autoridades se niegan a recuperar.
¿Un país es soberano cuando la cúpula política de tres órdenes de gobierno lleva décadasentregando vida, integridad y patrimonio de los mexicanos a decenas de cárteles y cientos de grupos criminales?
Claudia habla de decisiones populares, pero no creo que exista un solo mexicano que haya votado por la protección criminal política; señala y grita que la patria no se vende, cuando ha sido ofertada, entregada y protegida a esta criminalidad violenta que se ha hecho dueña del 80% del territorio.
En un gesto de solidaridad, entendimiento y empatía nos recuerda diferencias, y asegura que en México decidimos nosotros, como si ya hubiéramos optado por un narco-Estado; y cierra queriendo "tocar el corazón de México", de su dignidad, cuando ésta ha quedado comprometida y perdida al sometimiento de los actores políticos corruptos, cobardemente cobijados y ocultos en el desorden de un sistema político que nunca terminó por extinguirse, a pesar de haberse fundado, en palabras del mesías, en tres de susmandamientos: no robar, no traicionar y no mentir.
Lo que ellos, la clase política mexicana, que ha robado, traicionado y mentido en forma cotidiana y habitual no quiere hacer tendrán que realizarlo otros actores, no sólo estadounidenses, sino de la región y el mundo entero: combatir abiertamente la colusiónpolítico-criminal. Ya sea en el seno del Escudo de las Américas o en otros planos internacionales, al mundo no le es conveniente solapar y proteger a los dos cárteles más agresivos y violentos con presencia en los cinco continentes, el del Pacífico y el Jalisco Nueva Generación.
He insistido y lo repito, extraer a cientos o miles de generadores de violencia sin tocar la cúpula política representa un gasto a fondo perdido, lo que ha quedado comprobado en las estrategias fallidas de los últimos cinco sexenios.
Bernardo Gómez del Campo
Consultor en seguridad integral
@BGomezdelCampo
