Punta Prieta y el desafío energético de Baja California Sur

La introducción de gas natural y la interconexión gasista son propuestas para reducir emisiones y mejorar la eficiencia energética en la región.

Punta Prieta y el desafío energético de Baja California Sur

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Luis Rancé

Desde la cubierta de un catamarán frente a la bahía de La Paz, la contradicción resulta imposible de ignorar.

Uno de los entornos naturales más privilegiados de México continúa dependiendo, en parte, de una central termoeléctrica cuyas emisiones recuerdan que la transición energética sigue siendo una tarea inconclusa.

La Central Termoeléctrica Punta Prieta no es una instalación reciente. La primera de sus unidades comenzó a operar en 1979, seguida por una segunda en 1980 y una tercera en 1985. Con una capacidad instalada cercana a los 220 MW, la planta ha sido durante décadas una pieza fundamental para garantizar el suministro eléctrico de La Paz y una amplia región del sur de Baja California Sur.

La Paz y el corredor turístico hacia Los Cabos han experimentado un crecimiento extraordinario. Desarrollos residenciales y turísticos de alto nivel, entre ellos Costa Baja, conviven hoy con una instalación que utiliza combustibles fósiles y genera emisiones que contrastan con la vocación ambiental y turística de la región.

El problema no es nuevo. Desde hace años se ha planteado la necesidad de encontrar una solución definitiva. Diversos actores, incluido el empresario Manuel Arango, promovieron iniciativas orientadas a reducir el impacto de la planta o buscar alternativas para su reubicación o sustitución. Sin embargo, el tiempo ha transcurrido sin que se materialice una respuesta integral.

La pregunta ya no es si Punta Prieta cumplió una función histórica indispensable. La cumplió. La cuestión es si continúa siendo la mejor solución para una región que ha cambiado radicalmente y que aspira a un desarrollo sustentable de largo plazo.

En el corto plazo, la alternativa más viable consiste en introducir gas natural mediante infraestructura de gas natural licuado (GNL), ya sea a través de una terminal terrestre o de una unidad flotante de almacenamiento y regasificación. Esta medida permitiría reducir significativamente las emisiones asociadas al combustóleo y mejorar la eficiencia de la generación eléctrica.

Sin embargo, la verdadera solución estratégica es de largo alcance. Baja California Sur requiere una interconexión gasista permanente con la red nacional de gasoductos. Una región de la importancia económica, turística y social que hoy tiene la península no debería depender indefinidamente de combustibles líquidos transportados por vía marítima para sostener su desarrollo energético.

La llegada del gas natural no sólo beneficiaría a la generación eléctrica. También fortalecería la competitividad regional, impulsaría nuevas inversiones, reduciría emisiones y facilitaría la integración de energías renovables y sistemas de almacenamiento.

Lo que no parece razonable es permitir que transcurran más años sin una definición clara. La tecnología existe, las alternativas son conocidas y la necesidad es evidente. Lo que falta es una visión de Estado capaz de articular una solución energética firme y de largo plazo para una de las regiones con mayor potencial de desarrollo del país.

La imagen de Punta Prieta vista desde el mar resume perfectamente el desafío: una infraestructura que fue indispensable para el pasado, frente a una región que exige soluciones acordes con el futuro.

@tincprou

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