Serpientes y escaleras

La detención de Ernesto Ruffo se suma a las controversias políticas en Baja California, donde también se señalan a Marina del Pilar y Rubén Rocha Moya por presuntos vínculos delictivos.

Serpientes y escaleras

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Bernardo Gómez del Campo

La semana pasada escribí a propósito de las sorpresas de las relaciones político-criminales que se han vinculado con todos los partidos, organizaciones sociales y empresariales; también señalé que saldrían más sorpresas, y así fue.

Se suma a la lista de "probables corruptos", además de Rubén Rocha Moya, la morenista Marina del Pilar Ávila y una decena más de lopezobradoristas, elrecientemente aprehendido Ernesto Ruffo, exgobernador de Baja California,curiosamente consejero del nuevo partido Somos México, que busca desacreditar a la "red de Morena". 

Ruffo Apell fue detenido por encabezar una red criminal relacionada con una serie de delitos del llamado huachicol fiscal, representado por un desfalco que asciendea 4 mil 400 millones de pesos; dicho sea de paso, es asegurado en el mismo estado del que fue su máximo titular y hoy es encabezado por una gobernadora que justo lleva un par de semanas acusada de relaciones delictuosas y que pareciera buscar el amparo del vecino país. 

Huele a ´cortina de humo´ y sabe a ´vendetta partidaria´, más allá que el combate a la corrupción y la impunidad, puesto que Rocha Moya, Marina del Pilar y esa decena adicional de políticos y funcionarios permanecen no sólo intocables, sino defendidos con toda la fuerza del Estado mexicano contra señalamientos,inclusive, de delitos similares.  

Inmediatamente después de llevada a cabo la captura, el Partido Acción Nacional y el novel organismo político Somos México emitieron su postura en el sentido deseñalar y acusar una persecución criminal por la presión y exposición mediática de Marina del Pilar, así como Morena argumentó en su momento, las mismas razones del señalamiento a Rocha Moya.

Marina del Pilar, Ruffo, Rocha y cuantos (as) más se sumen serán el instrumento político básico y ´rupestre´ de señalamientos entre partidos, acusándose mutuamente de vínculos con la delincuencia organizada. Esta es la patética e histórica clase política mexicana que ya se ha hecho y normalizado en el ramo criminal. 

Partidos políticos clásicos e históricos como el PRI y el PAN; oportunistas como el PT y el Verde, así como Morena, y ahora el recién inaugurado Somos México, se vinculan, se relacionan con diferentes nombres y retóricas, con promesas del "ahora sí", "somos diferentes", "ya cambiamos" o "no somos lo mismo".

Al final, se repite la casta de corruptos e ineficientes bajo diferentes imágenes, colores y uniformes.

México está condenado a lo mismo con los mismos, a acusarse mutuamente por ser y representar a criminales; a presumir que unos y otros forman parte de una u otra organización delictiva; que sus "patrones" son éste o el otro capo.

En lugar de gobernar con todo y para todos, ocupan su tiempo en dividirnos y presumir su eficiencia persecutoria contra "su patética oposición", por supuesto cuando ellos no lo son. 

Mientras estos corrientes jaloneos suceden en México, el gobierno de Estados Unidos hace su trabajo, cerrar filas, ya no sólo con la región latinoamericana sino con el mundo entero al organizar y desarrollar una cumbre internacional para analizar el "resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda", culpable, según lo declarado por el presidente Trump, de la multiplicación de grupos delictivos en el mundo, ocho de los cuales se formaron y operan desde México

De una lista de 67 invitados, México, una pieza fundamental en las dos últimas cumbres organizadas, ha sido el gran ausente y el que ostenta el escenario más complejo, puesto que encabeza ocho de 10 organizaciones vinculadas con la narcopolítica mundial.

Todo parece indicar que nuestros problemas terminarán siendo resueltos por otros

Bernardo Gómez del Campo 

Consultor en Seguridad Integral

@BGomezdelCampo

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