La nueva ley general contra el feminicidio busca homologar el delito en todo México, con penas severas y protocolos unificados, pero enfrenta cuestionamientos por la justicia cotidiana.
Sheinbaum y la sonrisa de Víctor Rodríguez


Por: Juan Ortiz
Claudia Sheinbaum firmó la nueva ley general contra el feminicidio un día después de que Víctor Rodríguez Padilla, su exdirector de Pemex, saliera sonriendo de un juzgado para seguir en libertad su proceso por violencia familiar.
Las dos escenas resumen la distancia entre "llegamos todas" y la justicia que reciben muchas mujeres. En Palacio Nacional hubo firma, discurso, cámaras y promesa. En Morelos, un exfuncionario cercano a Sheinbaum no dormirá en prisión.
EL CASO
Recordemos que hace unos días María Felicia Jiménez, esposa de Rodríguez Padilla, difundió un video donde la empuja y golpea frente a su hijo. Tras la presión pública, la fiscalía de Morelos abrió una investigación y el exfuncionario fue detenido. Sheinbaum destacó dicha detención como muestra de que no se protege a nadie.
Pero lo que ocurrió no cuadra con su triunfalismo. La víctima presentó una carta de perdón y una jueza sustituyó la prisión preventiva por firma periódica, garantía económica, entrega de pasaporte y prohibición de acercarse a su familia o salir del país. El proceso continúa sólo porque la violencia familiar se persigue de oficio en Morelos, si no, también hubiera librado eso.
Y la carta del perdón merece un análisis cuidadoso, porque la víctima había hablado de miedo, dependencia económica, exposición mediática y temor a perder a sus hijos. Ahí la diferencia de poder frente a un exdirector de Pemex y amigo de la Presidenta también pesa.
Lo anterior muestra el fracaso de una Secretaría de las Mujeres que prometió acompañamiento a la víctima, pero que terminó con el acusado sonriendo rumbo a casa.
LA NUEVA LEY
La iniciativa que presentó ayer Sheinbaum busca homologar el delito de feminicidio en las 32 entidades, fijar penas de 50 a 70 años, unificar protocolos y crear un registro de niñas, niños y adolescentes en orfandad.
Ese avance es importante, pero también hay que decirlo: atiende el último escalón de una cadena de violencia que empieza con insultos, amenazas, empujones y golpes.
Las mujeres que denuncian esa grave situación no sólo enfrentan a un violentador en casa, sino también ministerios públicos lentos, revictimizantes, personal sin preparación, además de medidas de protección mal vigiladas y refugios con recursos insuficientes.
Después del robo, la violencia familiar es el delito más frecuente. El Inegi registró 278 mil 551 delitos de violencia familiar durante 2024, un 2.6% más que en 2023. Y de 3 mil 616 agencias estatales del Ministerio Público, apenas 188 estaban especializadas en esa materia. Ahí sigue atorada la justicia cotidiana, justo donde el Estado podría evitar que la violencia termine en la muerte de una mujer.
LA CONTRADICCIÓN
Hay una gran incongruencia en lo que el gobierno federal presume como una respuesta histórica contra el feminicidio, ya que mantiene sin atender las fallas que dejan a muchas mujeres atrapadas antes de llegar a ese extremo.
Sheinbaum puede firmar nuevas reglas, pero el Estado sigue sin garantizar ministerios públicos eficaces, refugios suficientes, autonomía económica ni seguimiento real a las medidas de protección. ¿Dónde está la reforma a las fiscalías?
Es por eso que el caso Rodríguez Padilla exhibe esa distancia. La maquinaria oficial reaccionó por la presión pública, pero no logró sostener una respuesta que les dijera a las víctimas que no están solas. Ya con eso muestra que el discurso de "llegamos todas" es insuficiente para evitar que una mujer siga desprotegida ante su agresor.
EL DATO INCÓMODO
La Comisión de Puntos Constitucionales del Senado pospuso reuniones hasta septiembre porque no asisten los legisladores. Varios pidieron licencia para buscar candidaturas y otros andan en tareas electorales. Así el compromiso legislativo.