T-MEC Bajo amenaza: El precio político de la renovación

La revisión del T-MEC enfrenta presión de EU por fentanilo, extradiciones y vínculos con el narco

Guillermo Ortega | De la mesa del Director
Guillermo Ortega | De la mesa del Director

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La revisión del T-MEC iniciará en medio del peor clima político y diplomático que han vivido México y Estados Unidos en las últimas décadas. Lo que en otros momentos fue una negociación eminentemente comercial, hoy se ha convertido en una mesa de presión política, seguridad nacional y combate frontal al narcotráfico, donde Washington parece decidido a ir mucho más allá de los aranceles, las reglas de origen o las cadenas de suministro.

La Casa Blanca y las agencias de seguridad estadounidenses han endurecido el tono contra México. Ya no se trata únicamente de exigir resultados contra el tráfico de fentanilo o una mayor contención migratoria en la frontera sur. Ahora el objetivo es otro: llevar ante tribunales norteamericanos a políticos mexicanos acusados de haber protegido o colaborado con organizaciones criminales.

La entrega voluntaria a autoridades estadounidenses del exsecretario de Seguridad de Sinaloa Gerardo Mérida Sánchez y del ex secretario de Administración y Finanzas Enrique Díaz Vega, ambos integrantes del gobierno encabezado por Rubén Rocha Moya, confirmó que la presión de Washington dejó de ser una advertencia diplomática para convertirse en una operación política y judicial de gran escala.

Washington endurece el juego

Estados Unidos está utilizando todos los instrumentos legales y diplomáticos disponibles para obligar a México a colaborar. El tratado de extradición vigente entre ambos países establece que, una vez presentadas las acusaciones, México puede detener provisionalmente a los señalados mientras Washington sustenta jurídicamente los casos y presenta pruebas dentro de un plazo de 60 días.

El problema para el gobierno mexicano no es únicamente jurídico, es político. Porque detrás de las acusaciones aparecen nombres vinculados al poder regional, estructuras partidistas y gobiernos estatales que durante años fueron señalados por presuntos nexos con organizaciones criminales sin que las autoridades mexicanas actuaran con firmeza.

Estados Unidos sostiene que buena parte de la producción y tráfico de fentanilo hacia territorio norteamericano opera bajo esquemas de protección política. Y ése es precisamente el punto donde Washington ya no parece dispuesto a negociar.

Cada muerte por sobredosis en ciudades estadounidenses se ha convertido en presión política interna para la Casa Blanca. El fentanilo ya no es solamente un tema de salud pública; es un asunto electoral, de seguridad nacional y de estabilidad social. Por eso la exigencia hacia México subió de nivel.

La revisión del T-MEC no será sólo comercial

Oficialmente, la revisión del T-MEC debe centrarse en temas económicos y comerciales. Sin embargo, resulta ingenuo pensar que las negociaciones ocurrirán aisladas de la crisis bilateral que hoy domina la agenda entre ambos gobiernos.

Estados Unidos quiere cooperación total: quiere frenar la migración irregular, detener el flujo de fentanilo, pero, sobre todo, quiere ver en prisión a políticos acusados de proteger a los cárteles. Y ahí es donde México enfrenta su mayor vulnerabilidad.

Mientras el gobierno mexicano insiste en defender la soberanía nacional y rechazar presiones externas, la realidad económica coloca al país en una posición extremadamente delicada frente a Washington.

México depende del mercado estadounidense

El año pasado las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos alcanzaron cerca de 535 mil millones de dólares, consolidando a México como el principal socio comercial norteamericano. Millones de empleos en ambos lados de la frontera dependen directamente del funcionamiento del tratado.

Cualquier modificación adversa al T-MEC tendría consecuencias devastadoras para una economía mexicana que ya enfrenta bajo crecimiento, caída en inversión, déficit fiscal creciente y niveles históricos de endeudamiento público.

Y ahora se agrega un componente explosivo: la posibilidad de que Washington utilice la revisión del T-MEC como instrumento de presión política y de seguridad.

No sería la primera vez

Estados Unidos históricamente ha mezclado comercio con objetivos geopolíticos. Lo hizo con China, lo ha hecho con Europa y ahora parece dispuesto a hacerlo con México.

El problema es que México enfrenta esta etapa sin una estrategia clara de contención diplomática y con un enorme desgaste institucional derivado de la violencia, la inseguridad y la percepción internacional de infiltración criminal en distintas estructuras gubernamentales.

La narrativa estadounidense está construyéndose peligrosamente rápido: políticos mexicanos vinculados al narcotráfico, producción masiva de fentanilo y debilidad institucional. Ese discurso pesa enormemente cuando comienzan negociaciones económicas de alto nivel.

El verdadero riesgo para México

El gran riesgo no es únicamente perder ventajas comerciales. El verdadero peligro es que México llegue a la revisión del T-MEC bajo sospecha y bajo presión judicial de su principal socio económico.

Washington parece decidido a convertir la lucha contra el fentanilo en el eje central de su relación con México. Y eso implica exigir resultados visibles, detenciones de alto perfil y cooperación absoluta.

La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno mexicano. Cada acusación abrirá nuevas fracturas políticas internas, pero negarse a colaborar también tendría costos enormes.

La revisión del T-MEC arrancará así bajo una sombra inquietante: la posibilidad de que el acuerdo comercial más importante para México termine condicionado no sólo por reglas económicas, sino por expedientes criminales, acusaciones de narcotráfico y presiones políticas provenientes de Washington.

@GOrtegaRuiz

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