Verde daltónico

El Partido Verde se presenta como alternativa, pero mantiene vínculos con prácticas corruptas en México.

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Bernardo Gómez del Campo

He estado escuchando en las últimas semanas un spot de radio del Partido Verde: "Ver de verdad un cambio real", en el que utiliza el tema de la corrupción para contrastar lo que presenta como una alternativa frente a las prácticas tradicionales de la política mexicana y de la que ha formado parte activa. Recordemos que este partido lo mismo coincide con uno que con otro, siempre y cuando le otorguen posiciones de poder para permanecer vigente en el teatro de la acción pública. 

La incoherencia es veneno puro que ha alimentado la política mexicana, y más en los últimos 26 años, décadas emblemáticas de un poder bajo diferentes partidos y corrientes, pero con los mismos personajes, igual de ineficientes y corruptos. 

Vicente Fox Quezada, presidente de México al inicio del presente milenio,presentó a su equipo como el "gabinetazo", seleccionados por su capacidad profesional y calidad ética; ciudadanos exitosos provenientes de la iniciativa privada y de la academia, alejados de las prácticas corruptas priistas. Al paso del tiempo, aparecieron los escándalos bajo un enriquecimiento inexplicable de los hijos de su esposa, la polémica Martha Sahagún

Felipe Calderón Hinojosa, dando continuidad al Partido Acción Nacional, defendió a su extinto secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, quien aumentó su riqueza en forma insospechada en el periodo que colaboró en la Presidencia. Qué decir de Genaro García Luna, a quien lo calificó y defendió como "el mejor policía de México", hoy sentenciado en los Estados Unidos a más de 30 años de prisión por colaborar con la delincuencia organizada.

Enrique Peña Nieto destacó la honorabilidad y profesionalismo de su gabinete; comprometidos con la transparencia y el combate a la corrupción, incluso impulsando un Sistema Nacional Anticorrupción. Todos recordamos aquella entrevista con Carmen Aristegui en que aseguraba que el grupo de funcionarios y gobernadores priistas que lo acompañaban representaba una generación de políticos jóvenes, vanguardistas y honorables, que se había dejado atrás al "viejo PRI". Fuimos testigos, al final de su sexenio, de aquella foto en Palacio Nacional de los 31 gobernadores y su presidente, donde 19 de ellos ya estaban siendo señalados, investigados e inclusive perseguidos por la justicia federal. La casa blanca, Odebrecht y la estafa maestra son sólo algunos ejemplos. 

Andrés Manuel López Obrador, en campaña por décadas, juramentando al pueblo de México el "no mentir, no traicionar y no robar", llega a la Presidencia de la República convirtiendo a la honestidad en un eje central de su discurso político. Llaman la atención los escándalos que aún persiguen a sus hijos por un enriquecimiento venido "de la nada" por vinculaciones sociales y familiares que pareciera se sumaron a la totalidad de los contratos gubernamentales de las obras emblemáticas, como lo es el Tren Maya, sin olvidar, por supuesto, el impune casode Segalmex. 

Claudia Sehinbaum Pardo, heredera del mismo discurso y retórica presidencial, no sólo ha asumido el rol de defensa de su líder moral y político, denostando cualquier señalamiento a las fallidas obras y proyectos innovadores de López Obrador, sino de actos de corrupción y colusiones abiertas y comprobadas de los vínculos de la política mexicana con la delincuencia organizada; sin perder de vista, como ya es costumbre, de las sorpresas que aparecerán al término de su mandato. 

Por todo lo anterior, por lo menos para el que escribe, un spot de radio de las dimensiones del Partido Verde se antoja no sólo ridículo, sino irónico, puesto que es promovido por un organismo político de segundo plano que siempre ha estado vinculado con aquellos que dice combatir. 

Bernardo Gómez del Campo 

Consultor en Seguridad 

@BGomezdeCampo

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