En Escuinapa, la violencia criminal ha paralizado clases, comercio y servicios, dejando a la población en riesgo constante.
Escuinapa: donde muere la soberanía


Por: Juan Ortiz
Mientras el gobierno federal se enreda en el discurso de injerencia extranjera y soberanía, Escuinapa nos recuerda que vivimos crisis más inmediatas.
Es un municipio ubicado al sur de Sinaloa, pegado a la frontera con Nayarit, donde la violencia criminal ha interrumpido lo más básico: clases, comercio, movilidad y servicios básicos. ¿Qué puede significar soberanía para un municipio donde no hay garantía de regresar con vida a casa?
Y es que el pasado 8 de junio fueron asesinadas dos personas. Grecia Guadalupe, adolescente de 14 años, y su tío Ramiro murieron tras quedar atrapados en un enfrentamiento armado mientras iban al hospital por una picadura de alacrán. Yessica Siboney, esposa de Ramiro, pedía auxilio con heridas graves mientras decía "no me dejen morir, tengo un bebé chiquito". Hoy se encuentra luchando por su vida, de acuerdo con medios locales.
Además, también hubo balaceras, daños a edificios y un ataque con dron a una subestación eléctrica que dejó sin luz a la cabecera municipal. Es difícil hablar de soberanía en una situación así.
Estado rebasado por violencia criminal
El horror criminal en Escuinapa no es nuevo. En abril, según reportes locales, cuatro policías municipales fueron asesinados en la localidad de Tecualilla. Después, al menos 22 agentes buscaron renunciar por miedo tras la muerte de compañeros. Ante el vacío, se reforzó la presencia del Ejército, Guardia Nacional y Policía Estatal.
De acuerdo con El País, en Escuinapa ya se habían usado drones con explosivos contra policías y militares, además de emboscadas contra patrullas. Ese dato apunta a capacidades criminales crecientes, donde los grupos ya no sólo aterrorizan comunidades, sino que también pueden realizar ataques coordinados contra las fuerzas del orden.
Tras la tragedia de Grecia Guadalupe, la autoridad estatal respondió con funcionarios de Atención a Víctimas y Derechos Humanos, mientras que la Federación mandó más tropas. Pero esa presencia llegó después de los hechos, cuando la prueba real de las autoridades es prevenir que ocurra.
Sinaloa y Washington: crisis política y criminal
Sinaloa combina tres crisis al mismo tiempo. Guerra criminal, redes político-criminales y tensión con Estados Unidos. El último episodio, que sigue sin cerrarse, inició cuando el Departamento de Justicia estadounidense acusó a Rocha Moya, Enrique Inzunza y a otros funcionarios por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
Hasta ahora, ellos han negado las acusaciones. También las han clasificado como muestras de injerencia de Estados Unidos en la política mexicana, incluso en futuros procesos electorales, mientras evocan discursos de soberanía. Además, han reiterado una y otra vez que no hay pruebas suficientes.
Hace unas semanas, la FGR anunció una indagatoria para revisar si existen elementos, pero no hay avances públicos, salvo algunas entrevistas a los involucrados, como Rocha Moya y Enrique Inzunza.
Ahí se rompe el discurso oficial de soberanía. Por un lado, el gobierno federal rechaza injerencias externas y defiende que sean las instituciones mexicanas las que investiguen. Pero en municipios como Escuinapa se vive el horror cotidiano de la violencia criminal, donde hasta un traslado al hospital en bicicleta puede costar la vida.
México no necesita pleitos retóricos contra enemigos externos. Necesita investigar sus propias redes político-criminales, limpiar instituciones, castigar a quienes protegen criminales y recuperar municipios tomados por el narco. Evitar que haya más "Escuinapas" en el país tendría que ser la verdadera defensa de la soberanía.
El dato incómodo
Sheinbaum admite que eliminar la ley del ISSSTE de 2007 costaría 20% del PIB y sería muy difícil. Si ya sabían que no había dinero, para que prometieron revertirla en campaña. La CNTE no está reclamando una ocurrencia. Está cobrando una promesa.