Y si sí... ¿en política?

El festejo masivo refleja una identidad nacional fortalecida por la imagen y esfuerzo de los jugadores mexicanos.

Y si sí... ¿en política?

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Bernardo Gómez del Campo

Impactante fue ver las imágenes de mexicanos abarrotando el corredor Zócalo, Reforma, Ángel, Monumento a la Revolución y hasta el Campo Marte con una afluencia, según estimaciones de la autoridad, de un millón y medio de aficionados. Sumando las 16 alcaldías y los estados sede al interior de la República Mexicana donde también se montaron escenarios mundialistas alcanzamos casi los 3 millones de personas

Independientemente de la tragedia de personas fallecidas que todos debemos sentir como propias, la pregunta que me hago es: dejando a un lado la pasión y el romanticismo por la adicción del futbol, ¿qué tiene que suceder para que millones de mexicanos salgan a festejar un triunfo que no es propio y lejos está de beneficios individuales? Porque nos debe quedar claro que una familia promedio en México no aumenta sus ingresos ni cambia su condición por un triunfo mundialista; al contrario, gasta más de lo que ingresa producto de su salario. 

No soy sociólogo para emitir un juicio de valor sobre estas causas, pero ¿qué mueve a millones de personas a festejar? Porque no se vieron acarreados, ni cientos de autobuses, ni despensas, ni "la torta y frutsi" que los partidos políticos acostumbran para festejar y presumir sus miles de seguidores marchando. 

Pensando un poco más, presumo que la razón de esa concentración millonaria de personas puede obedecer a una identidad nacional producto de una buena imagen de quienes integran la Selección Mexicana

El tiempo, lugar y circunstancias como se dan estos hechos en México nos hacen poner atención de los jugadores mexicanos, por lo menos 11 tienen historias de desarrollo personal similares y siete de trabajo duro por alcanzar sus sueños y llegar a la cúspide de sus carreras; inclusive rompiendo patrones de edades y experiencias, puesto que tenemos a un niño de 17 años y adultos que rondan los 40. 

El común denominador de esos 22 jugadores parecería que inicia de vidas familiares y sociales como la de cualquier mexicano o, peor aún, por debajo del prototipo nacional, es decir, en escenarios inhóspitos y complejos. 

Todos ellos sabían desde pequeños que querían ser futbolistas y llegar a la cúspide en sus carreras a pesar de todo y todos; no fue necesario afiliarse a un partido político, ni ceder su integridad personal, ni "entrarle a la cuota" para mantener a los tlatoanis ni mucho menos obligados a "enseñar músculo" para construir una falsa democracia que lleve a la continuidad de ineficiencia y corrupción por décadas. 

¿Qué no existen 11 o 22 o miles de mexicanos con identidad suficiente, pasión por sus carreras y vidas que nos representen y nos lleven a apoyarlos por millones en las calles? 

El día que veamos a cientos de miles de patriotas marchando por un partido político o un líder o grupo de ellos sin acarreo, ese día, amables lectores, iniciaremos la limpieza de la cloaca política y la pacificación de nuestro querido México. 

Bernardo Gómez del Campo 

Consultor en seguridad

@BGomezdeCampo

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