En el marco de la discusión del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), la presidenta Claudia Sheinbaum planteó una posible salida operativa al conflicto entre taxistas concesionados y plataformas de movilidad, al señalar que se estudió habilitar un punto alejado dentro de la terminal para el ascenso de usuarios.
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La propuesta busca ordenar la convivencia entre dos esquemas de transporte que se confrontaron en el aeropuerto por una diferencia de fondo: los taxistas con permiso cubren derechos para operar dentro de las instalaciones y los autos de aplicación no lo hacen.
Sheinbaum explicó que la alternativa en estudio consistió en ubicar una zona distante pero segura para que las personas que prefieran Uber u otros servicios puedan trasladarse a ese punto y abordar ahí su unidad, mientras quienes elijan taxi de sitio mantengan el acceso directo en la terminal aérea.
La jefa del Ejecutivo federal sostuvo que el diseño del acuerdo intenta conservar el beneficio de los concesionarios que cubren pagos por permanecer en el aeropuerto, sin cancelar la posibilidad de que el usuario escoja una plataforma, siempre bajo condiciones de seguridad y orden dentro del inmueble.
Reconoció que la protesta de taxistas tuvo una base legítima porque quienes cuentan con concesión pagan derechos para ofrecer servicio en el AICM, pero al mismo tiempo marcó un límite a esa defensa al pedir que los concesionarios ajusten las tarifas que cobran a los pasajeros.
Sheinbaum puso como ejemplo los cobros que enfrentan viajeros en terminales como la de Ciudad de México y Cancún, donde, dijo, algunos traslados alcanzaron montos desproporcionados, por lo que llamó a moderar precios con base en la regulación de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes.
La presidenta afirmó que el conflicto no quedó planteado como un choque sin salida entre taxistas y plataformas, sino como un problema de organización del servicio en un espacio federal donde conviven concesiones, derechos de operación, demanda de movilidad inmediata y la exigencia ciudadana de tarifas razonables.
También subrayó que en otras partes del mundo ni siquiera se permite la entrada de plataformas a los aeropuertos porque las autoridades de esos países optan por proteger a los taxistas tradicionales, antecedente que utilizó para enmarcar la discusión mexicana como una búsqueda de equilibrio y no de exclusión.
A partir de esa comparación internacional, Sheinbaum insistió en que el caso mexicano exige un acuerdo específico entre autoridades aeroportuarias, concesionarios y empresas de movilidad, de modo que el orden en la terminal no se defina por bloqueos o protestas, sino por reglas claras para cada modalidad de transporte.
La mandataria reportó que ya existe diálogo entre organizaciones de taxistas y autoridades del aeropuerto, y sostuvo que esa vía permitirá encauzar la inconformidad que estalló en la terminal, donde las protestas exhibieron la presión que genera la competencia por el pasaje en uno de los nodos más transitados del país.




