Cuando le preguntaron por el alza en la gasolina premium durante su conferencia de ayer, Claudia Sheinbaum respondió con una frase que generó molestias: “Bueno, pueden cargar magna”.
La frase se dijo en un momento tenso por el incremento del precio de los combustibles. Sobre todo, porque la respuesta sonó como si el problema fuera una decisión del consumidor y no un choque internacional que está golpeando precios y expectativas de inflación.
EL FONDO
La guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel alteró el paso por el estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. A eso hay que sumar la amenaza sobre otro paso estratégico en la zona: el estrecho de Mandeb.
Aunque se anunció un cese al fuego este martes, ayer volvieron los ataques y acusaciones de incumplimiento. Eso impide que regrese la normalidad en rutas y transporte marítimo. Y es que cuando sube el petróleo, México recibe más ingresos por exportación, pero también enfrenta combustibles más caros y, por lo tanto, sube la inflación.
El gobierno de Sheinbaum activó dos medidas. La primera fue renovar el acuerdo con gasolineros para mantener la gasolina magna por debajo de 24 pesos por litro. La segunda fue aplicar estímulos fiscales al IEPS, que es el impuesto especial que cobra el gobierno a combustibles como la premium y el diésel.
No es una medida nueva. Hacienda ya cuenta con ese mecanismo desde años anteriores. El tema es que usarlo cuesta dinero público. Distintas estimaciones calculan pérdidas recaudatorias de miles de millones de pesos. Eso obliga a compensar por otro lado, con recortes, ajustes, reasignaciones o más deuda.
EL COSTO POLÍTICO
Ahí apareció el error de la frase. Decir “compren magna” ignora dos cosas. La primera es que una parte importante de quienes cargan premium, que se estima ronda el 20% de los consumidores, no lo hacen por gusto, sino porque sus autos están diseñados para ese octanaje. Cambiar de combustible no siempre es recomendable.
La segunda es que el mayor problema no está sólo en la premium. Está en el diésel. Ese combustible mueve camiones de carga, autobuses y maquinaria agrícola. Cuando sube, pega en fletes, transporte público y alimentos. Aunque no todos compren diésel, casi todos terminan pagando sus efectos.
Sheinbaum tiene razón en una cosa. El gobierno federal no controla por completo una guerra en Medio Oriente ni el precio internacional del petróleo. Pero una frase innecesaria sí puede agravar el malestar social.
México no vive hoy un escenario de desabasto como el que marcó el inicio del sexenio de López Obrador. Aun así, el tema de la gasolina toca el bolsillo y el humor social. Por eso el reto no es sólo contener precios. También es cuidar la narrativa. Si el gobierno quiere explicar que enfrenta un shock externo, necesita hacerlo sin regaños, burlas o soluciones simplonas.
Hay que saber que cuando sube la gasolina, la gente no escucha tecnicismos sobre IEPS, logística o primas de riesgo. La gente ve el letrero de la estación y ahí se da cuenta de que tiene que pagar más.
En ese terreno, decir que compren magna hace más visible el problema energético, el cual va a empeorar si el diésel sigue subiendo porque terminará en productos y servicios más caros.
EL DATO INCÓMODO
En México, 41% de las personas primero se atiende con tés o remedios caseros, y casi la mitad prefiere servicios privados antes que públicos. Asílo dice una encuesta de la consultora Research Land. Mucha gente evita hospitales públicos porque no hay citas ni medicinas.



