Delcy Rodríguez, figura clave del chavismo y vicepresidenta de Venezuela desde 2018, volvió al centro del escenario tras asumir la presidencia interina luego de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos. Su nombramiento no solo ha intensificado la polarización interna, también ha provocado reacciones internacionales y renovado el interés por su trayectoria política… y por un aspecto de su vida personal que reapareció con fuerza: su romance con el actor venezolano Fernando Carrillo.
Rodríguez, nacida en Caracas en 1969, es considerada una de las mujeres con mayor influencia dentro del gobierno. En círculos políticos se le conoce como “la tigresa” del chavismo, apodo que refleja su presencia y peso en la estructura del poder.
Su vida estuvo marcada desde la infancia por un hecho familiar: la muerte de su padre, Jorge Antonio Rodríguez, militante de izquierda, quien habría sido torturado y falleció bajo custodia policial cuando ella tenía siete años. Ese episodio, de acuerdo con lo relatado en diversas referencias biográficas, la acercó tempranamente a la política y la convirtió, junto a su hermano Jorge Rodríguez —hoy presidente de la Asamblea Nacional—, en un rostro reconocido dentro de los movimientos revolucionarios venezolanos.
Aunque llevó una vida común en barrios populares de la capital, estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela y con el tiempo amplió su formación. Habla francés e inglés, realizó parte de su preparación en Europa y se desenvolvió en ambientes internacionales entre diplomáticos y empresarios.
En el plano institucional, su carrera comenzó durante el gobierno de Hugo Chávez y se fortaleció en el mandato de Maduro, al ocupar posiciones estratégicas: fue ministra de Comunicación e Información, canciller, ministra del área económica, ministra de Hidrocarburos y también presidió la Asamblea Nacional Constituyente, un espacio desde el cual tuvo un papel protagónico en la reorganización del Estado.
Desde 2024, además, ejercía como ministra de Petróleo, lo que consolidó su poder político y su influencia en la relación con aliados como China, Turquía e Irán, especialmente en un país con enormes reservas petroleras.
Su trayectoria también ha estado acompañada de controversias en el extranjero: ha recibido sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, que ella ha rechazado públicamente al considerarlas medidas políticas vinculadas a su cercanía con el gobierno de Maduro.
Tras jurar como presidenta interina el 5 de enero, Rodríguez calificó la detención de Maduro como un acto ilegal y una agresión extranjera. Sin embargo, días después su postura mostró un cambio de tono: desde canales oficiales llamó a un “diálogo respetuoso” y a construir una agenda de cooperación con Estados Unidos, lo que fue interpretado como un giro discursivo frente al clima de tensión inicial.
En medio de ese contexto, también volvió a hablarse de su vida sentimental: Fernando Carrillo aseguró recientemente que mantuvo una relación de tres años con Delcy Rodríguez, a quien describió como “el gran amor de su vida”, un elemento que reavivó el interés mediático sobre la nueva mandataria interina.

Delcy Rodríguez y Fernando Carrillo. Foto: Cuartoscuro y X 


