Si no hay cabida para la corrupción, ¿entonces se acabaron los lugares?

Morena realizó su VIII Congreso Nacional para oficializar el cambio de dirigencia con Ariadna Montiel, en medio de tensiones internas y el debate sobre filtros anticorrupción rumbo a 2027



Morena celebró su VIII Congreso Nacional Extraordinario para formalizar la presidencia de Ariadna Montiel tras la salida de Luisa María Alcalde hacia la Consejería Jurídica de Sheinbaum. En la misma sesión también se nombró a un secretario de Finanzas y se fortaleció la Comisión Nacional de Elecciones con Citlalli Hernández.

El acto estaba previsto como un día de fiesta y para mostrar músculo rumbo a 2027, cuando se disputan 17 gubernaturas, 500 diputaciones federales y miles de cargos locales. Pero el asunto parecía velorio tras la acusación presentada en Estados Unidos contra Rocha Moya, Enrique Inzunza, Juan de Dios Gámez y otros funcionarios de Sinaloa.

LA SILLA VACÍA

Vaya que se notó la ausencia de Rocha Moya en el presídium, la cual habló más que cualquier discurso de soberanía y cierre de filas. Y es que, en la pasada reunión nacional de Morena, realizada en marzo, el entonces gobernador de Sinaloa todavía aparecía junto a la plana mayor del partido. En esta ocasión quedó fuera de la foto principal tras pedir licencia temporal.

Y no es cosa menor lo que enfrenta, porque de acuerdo con la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, los acusados habrían conspirado con el Cártel de Sinaloa para introducir narcóticos a territorio estadounidense a cambio de apoyo político y sobornos.

Ese contexto obligó a cambiar el tono del congreso. Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional de Morena, pidió unidad frente a presiones extranjeras y llamó a evitar intrigas dentro del movimiento. Luisa Alcalde habló de defender al proyecto ante quienes quieren ver a México arrodillado.

Ambos mensajes cerraron filas con Sheinbaum pero evitaron abrir una revisión interna tras el caso Sinaloa.

EL NUEVO FILTRO

Ariadna Montiel fue quien mandó el mensaje más fuerte, como se podía esperar de la nueva dirigente de Morena. Dijo que no habrá cabida para la corrupción en gobiernos de Morena y que nadie con certeza de actos corruptos podrá ser candidato, aunque gane una encuesta interna. Una frase obligada tras el golpe estadounidense en el tablero político.

Pero ese mensaje también abre un problema interno. Morena ya había anunciado en marzo filtros para revisar perfiles, evitar nepotismo y bloquear dinero ilícito. Montiel tuvo que elevar el estándar. Ahora la dirigencia quedó comprometida a cerrar el paso cuando tenga certeza política de corrupción.

Ahí empieza el problema. Si Morena aplica de verdad ese filtro, tendrá que revisar redes locales que le dieron votos, movilización y victorias. También deberá tocar acuerdos con operadores, alcaldes, exgobernadores y aliados que sostienen su fuerza territorial. Básicamente, tendrá que echar lupa a todo lo que le ayudó a llegar al poder.

LOS LASTRES

El partido arrastra señalamientos que hacen tardío el anuncio anticorrupción. Ahí están Hernán Bermúdez, exsecretario de Seguridad ligado a Adán Augusto; Cuauhtémoc Blanco tras dejar el gobierno de Morelos; Ignacio Ovalle con Segalmex; los diezmos de Texcoco de Delfina Gómez; las irregularidades de Cuitláhuac García en Veracruz, y el dinero que no aparece de Conade con Ana Guevara.

Por ello, la frase de Montiel exhibe el tamaño de la contradicción del anuncio. Si no hay cabida para la corrupción, Morena tendrá que decir a quiénes deja fuera. Y si aplica esa regla completa, quizá descubra que tendrá que liberar muchos más lugares de los que pensaba.

EL DATO INCÓMODO

Morena busca un extraordinario para mover la elección judicial de 2027 a 2028. Dicen que es para corregir errores. El fondo electoral pesa más: 2027 trae miles de cargos en juego, incluida la mayoría calificada y gubernaturas clave. Meter jueces en la misma boleta les complica todo.