Tren Maya: crimen de lesa arqueología

El Tren Maya enfrenta críticas por daños arqueológicos, al reubicar vestigios y alterar su contexto histórico, generando pérdida de información cultural



El megaproyecto ferroviario de López Obrador fue presentado como desarrollo y rescate arqueológico del sureste mexicano. Hoy, el proyecto que lleva el nombre de los mayas es señalado de borrar su rastro material.

Y es que en los últimos meses, investigadores y colectivos han denunciado daños a vestigios arqueológicos a lo largo de la ruta.

SALVAMENTO O DESTRUCCIÓN

La postura del gobierno federal habla de arqueología de salvamento. Es decir, documentar, rescatar y, en algunos casos, reubicar estructuras para permitir la obra.

El problema está en un principio importante de la arqueología. El valor de un vestigio no está en la piedra, sino en su contexto. Su ubicación, su relación con otros elementos y el suelo que lo rodea permiten reconstruir la historia.

Mover una estructura puede conservar el objeto, pero destruye parte de la información. Por eso, estándares internacionales de organismos como la UNESCO señalan que la prioridad debe ser conservar los sitios en su lugar original.

Por su parte, la Carta de Venecia permite únicamente la anastilosis, es decir, el reensamble de piezas originales. Sin embargo, rechaza reconstrucciones completas o interpretativas sin claridad.

A pesar de ello, el propio INAH ha reconocido la reubicación de estructuras en casos donde no era posible mantenerlas en el trazo original del Tren Maya.

LOS PARQUES FRANKENSTEIN

Desde el INAH se impulsó la creación de espacios como Balam Tun y K’awiil. Ahí se concentran estructuras desmontadas de distintos puntos de la ruta.

Pero integrantes de la Comisión de Protección y Legislación del Patrimonio Arqueológico del INAH denunciaron que estos espacios funcionan como Frankensteins arqueológicos. Es decir, vestigios mutilados, separados de su contexto original y ensamblados en nuevas configuraciones.

Y las acusaciones van más allá. Señalan que se mezclaron materiales de distintos sitios y que se utilizaron elementos modernos para completar estructuras. Con eso se crean piezas que ya no corresponden a su forma original.

El INAH sostiene que la reubicación es un recurso excepcional y que se han realizado desvíos en la ruta para proteger zonas arqueológicas. Se han mencionado al menos 25 desvíos para evitar afectaciones mayores.

Pero aquí el tema no pasa por cuántas piezas se “salvaron”. El asunto está en cuántas se alteraron o perdieron su contexto original. Un solo caso ya representa una pérdida, pero si los casos se acumulan, el daño adquiere otra dimensión.

Investigadores han señalado que decenas de estructuras fueron desmontadas y trasladadas. También han denunciado el uso de maquinaria pesada e incluso explosivos en zonas con presencia arqueológica.

Frente a esto, ya se preparan acciones legales contra funcionarios involucrados en la autorización y ejecución de estos trabajos.

NO ES CASO AISLADO

Esta semana, la refinería de Dos Bocas está bajo lupa por la muerte de cinco trabajadores tras un incendio ligado a una inundación, según reportes difundidos con videos desde el interior de las instalaciones.

Ahora el Tren Maya suma otro escándalo. En ambos casos se destacan los avances y los logros, mientras se guarda silencio sobre las pérdidas, humanas o materiales.

También pesa el silencio de los gobernadores y alcaldes por donde pasa la ruta y de los legisladores que representan esa zona. Ni lo mínimo: exigir información técnica pública, debates abiertos y supervisión permanente.

Hasta ahora, esa presión política visible no aparece con la fuerza que exige una intervención sobre restos irrepetibles de nuestro pasado y de nuestro legado.

EL DATO INCÓMODO

El plantón de la CNTE ya pegó en la economía capitalina. Comercios del Centro reportan caídas de hasta 80% en ventas en un solo día. Mientras la protesta crece, el costo lo absorben pequeños negocios, turismo y trabajadores sin respaldo.