Trump recargado: el regreso de la superpotencia intervencionista

Estados Unidos refuerza su poder en América Latina y presiona a México con seguridad, comercio y política.



Estados Unidos volvió a ejercer el poder para intervenir en América Latina como no se había visto desde el siglo pasado.

Donald Trump, en menos de una semana, bombardeó Caracas, capturó a Nicolás Maduro y asumió control directo sobre la transición venezolana. Después anunció que “este es nuestro hemisferio”, con mensaje dirigido a Rusia y China.

Siguieron más demostraciones de poder. Washington tomó control de su petróleo, obligó al régimen chavista a usar esos recursos para comprar productos estadounidenses y exigió romper relaciones con Cuba, Rusia, China e Irán.

Con eso, informó a los países de América Latina que siguen dentro de su zona de influencia directa.

NUEVO VIEJO PLAN

Nada de esto ocurre al azar. Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional semanas atrás. Ahí se establece que Estados Unidos debe recuperar el liderazgo absoluto en el hemisferio donde estamos México y el resto de América Latina.

El documento señala que no se permitirá la presencia de potencias extrahemisféricas como Rusia o China en infraestructura, energía, telecomunicaciones o seguridad regional.

La Doctrina Monroe dejó de ser referencia histórica y pasó por una nueva actualización. Estados Unidos se reserva el derecho de intervenir política, económica y militarmente cuando considere que su seguridad está en riesgo. Migración, narcotráfico, petróleo y competencia con China son algunos de los argumentos.

A la par, Washington se retiró de 66 acuerdos y organismos internacionales. Canceló compromisos multilaterales, frenó el pago de dividendos a empresas armamentistas para forzar mayor producción de armas y anunció incrementos históricos en el gasto militar. Menos reglas externas, más capacidad de acción.

El mensaje no fue sólo para Venezuela. Gustavo Petro, presidente de Colombia, criticó la intervención. Días después bajó el tono. Ahora se anuncia que viajará a Washington. Otros gobiernos están entendiendo rápido el nuevo contexto. Así, la región entró en una etapa donde confrontar a Estados Unidos tiene consecuencias inmediatas.

MÉXICO EN EL CENTRO

México no es la Venezuela de Maduro. No se prevé aquí un escenario de captura presidencial ni bombardeos. Pero sí más acciones directas en materia de seguridad. Trump insiste en que los cárteles mexicanos son una amenaza para Estados Unidos. Ha reiterado que se debe “hacer algo” cuando se le cuestiona sobre el tema.

Claudia Sheinbaum ha respondido con concesiones en el último año. Despliegue de militares en ambas fronteras, operativos contra el fentanilo, entrega de capos y cooperación constante. Todo para reducir argumentos de intervención directa y contener el costo político interno, donde abundan perfiles incómodos dentro de Morena.

Pero Washington pide más. Trump ha insistido en la ayuda militar directa. Sheinbaum ha marcado esa línea como roja y se ha negado hasta ahora.

DOBLE PRESIÓN

El problema no termina ahí. Sheinbaum enfrenta críticas dentro de Morena. En el obradorismo se dice que está cediendo demasiado. Que con López Obrador esto no habría pasado. La Presidenta tiene que administrar la relación con Trump sin romper con su base política interna.

Trump cree que juega con ventaja. La mayoría de las exportaciones mexicanas va a Estados Unidos. Su política arancelaria profundizó esa dependencia. Así que Washington usa comercio, migración y seguridad como instrumentos de presión.

Sheinbaum estará obligada a cooperar, pero sin parecer que entrega soberanía. No hay margen para posturas que la debiliten ante Washington ni ante Morena. Aunque tampoco hay mucho espacio cuando una superpotencia decide actuar así. Y fingir que no pasa nada sería un error.

EL DATO INCÓMODO

El 2025 cerró con sólo 72 mil empleos formales, según Valeria Moy, directora general del IMCO. Es uno de los peores cierres en los últimos 15 años, excluyendo la pandemia.