Trump y Sheinbaum: el precio de “cooperar”

El inicio de 2026 expone las tensiones entre México y Estados Unidos, donde la cooperación en seguridad y extradiciones pone a prueba el discurso de soberanía del gobierno de Claudia Sheinbaum frente a Donald Trump.



El arranque de 2026 se convirtió en una nueva prueba de resistencia para el gobierno de Claudia Sheinbaum frente a las presiones de Donald Trump.

En pocos días se acumularon hechos que, juntos, dibujan una relación cada vez más asimétrica. Un avión militar estadounidense aterrizando en Toluca. Una tercera entrega masiva de capos. Todo bajo el mismo discurso oficial: cooperación sí, subordinación no.

Pero los hechos cuentan otra historia.

EL AVIÓN

El pasado fin de semana se reportó que un avión militar estadounidense, un Hércules C-130, aterrizó en el aeropuerto civil de Toluca. Desde ese momento, las versiones del gobierno han sido distintas.

Primero no hubo explicación. Luego Sheinbaum dijo que el permiso venía desde octubre. Después afirmó que no requería autorización del Senado porque no venían tropas, como si la tripulación no fuera militar.

Más tarde dijo que había sido decisión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, que ella misma preside, aunque ese órgano no tiene facultades en política exterior ni en seguridad nacional. La narrativa se fue ajustando sobre la marcha.

Finalmente, un reportaje de Latinus reveló documentos de que el permiso se otorgó en enero de este año, no en octubre. Y lo firmó la propia Sedena. El avión entró, pernoctó y salió sin autorización del Senado, pese a que la Constitución le otorga esa facultad exclusiva.

Más allá del debate legal, la imagen fue potente: un avión militar extranjero en un aeropuerto civil mexicano, con explicaciones distintas día tras día, sin orden ni control.

LOS CAPOS

Casi al mismo tiempo, el gobierno anunció la tercera entrega masiva de narcotraficantes a Estados Unidos. Treinta y siete en un solo movimiento. Con eso, el total llegó a 92 expulsados en menos de un año.

Nunca antes se había entregado a tantos capos en tan poco tiempo. Entre ellos, operadores clave del Cártel de Sinaloa, del CJNG, del Cártel del Noreste y familiares directos de líderes criminales.

Sheinbaum ha insistido en que se trata de decisiones soberanas, tomadas por el Consejo de Seguridad Nacional. Que no es una orden de Trump. Pero el contexto pesa. Trump ha exigido resultados visibles en fentanilo y crimen organizado, todo mientras no deja de lanzar amenazas de posibles ataques en nuestro territorio.

Cada capo entregado es una victoria política para él, pero en lugar de calmarlo, lo hace exigir más.

LO QUE VIENE

Aquí está el problema central. Cada concesión vuelve más difícil sostener el discurso de soberanía. Cuando aterriza un avión militar sin aval del Senado, o cuando se entregan capos en tandas históricas.

La línea entre cooperación y subordinación se vuelve borrosa. Sheinbaum busca mantener el equilibrio. En su lógica, es ceder para evitar algo peor: aranceles, sanciones, intervenciones directas.

Pero Trump no afloja. Y no va a aflojar.

En noviembre hay elecciones intermedias en Estados Unidos. Trump necesita mantener el control del Congreso. Eso significa un Trump más agresivo, más ruidoso y más exigente con el mundo, pero también con México.

Seguridad, migración y drogas serán su combustible electoral. México vuelve a ser su escenario favorito. La pregunta queda abierta: ¿Hasta dónde puede ceder nuestro país sin aceptar que la soberanía se está negociando en entregas parciales?

EL DATO INCÓMODO

En 2026 habrá menos recursos para salud que en 2024, pese a que el gobierno apuesta por el Servicio Universal de Salud, según datos presupuestales. Con 3 mil 500 millones iniciará la entrega de credenciales, pero sin más recursos para hospitales, médicos ni medicinas suficientes. Así lo marca la última reforma de salud.

La credencialización amplía el padrón de “derechohabientes”, pero no garantiza atención efectiva ni de calidad.