Ventura abre 2026 a golpe de autoridad: cuatro orejas y un rabo en Écija

Ventura, que parece ajeno al paso del tiempo y a las inercias del invierno, compareció en Écija con el pulso firme y la ambición intacta.



Écija (Sevilla). El arranque de temporada de Diego Ventura no pudo ser más rotundo ni más simbólico. En una tarde de expectación desbordada y con la plaza de toros de la localidad sevillana colmada hasta la bandera, el jinete hispano-luso firmó una actuación cumbre al cortar cuatro orejas y un rabo en su primer compromiso de 2026, frente a un encierro de Los Espartales que ofreció materia prima para el lucimiento.

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Puerta Grande incontestable y declaración de intenciones en el primer paseíllo del año. Ventura, que parece ajeno al paso del tiempo y a las inercias del invierno, compareció en Écija con el pulso firme y la ambición intacta.

El primer toro de la tarde, de nombre “Querido”, permitió a Ventura mostrar desde los compases iniciales esa conjunción de mando y suavidad que caracteriza su concepto. La faena se cimentó ya en los encuentros de salida, midiendo las embestidas y encelando con pulso largo.

En el tercio de banderillas llegó el despliegue de matices. Con ‘Quirico’, toreando prácticamente con el pecho del caballo cada viaje del toro, dibujó embroques limpios y reunidos. Más tarde, los quiebros eléctricos de ‘Lío’ levantaron los tendidos, llevando la emoción a su cénit en terrenos comprometidos y con los pitones rozando la grupa.

La culminación fue un rejón de muerte entero y de efecto fulminante que rubricó la obra. El público, entregado, pidió con fuerza el doble trofeo, concedido sin discusión. Dos orejas que abrían ya la puerta grande y marcaban el tono de la tarde.

Lejos de relajarse, Ventura redondeó su comparecencia con una segunda faena de mayor calado artístico y rotundidad final. El toro, con ritmo y transmisión, fue cuajado en todos los tercios.

Si algo sorprendió fue la naturalidad con la que el rejoneador se movió como si la temporada llevara meses en marcha. En banderillas firmó un tercio soberbio: el temple prodigioso e innato de ‘Nómada’ para templar las embestidas largas; el virtuosismo de ‘Quitasueños’, mandando en la distancia más corta; y la capacidad de Bronce para hipnotizar al toro en terrenos donde el error no tiene margen.

El público vibró especialmente con un par a dos manos que desató la ovación cerrada, seguido de las cortas al violín, ejecutadas con ajuste y pureza antes de montar a Brillante para la suerte suprema. El rejón final, certero y en lo alto, provocó la petición unánime de los máximos trofeos. Dos orejas y rabo que sellaban una actuación sobresaliente y ponían el broche de oro a una tarde para el recuerdo.

Con un lleno espectacular y una afición entregada, la tarde ecijana deja una conclusión inequívoca: 2026 arranca con la firma de Ventura estampada en letras grandes. Si este es el prólogo, la temporada promete capítulos mayores.