Las primeras semanas de 2026 han estado marcadas por decisiones que, más allá de su relevancia, tensionan el discurso soberanista del gobierno: la renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación de Morena en el Senado; la detención del alcalde de Tequila, Diego Rivera, por presuntos vínculos con el crimen organizado; la suspensión del envío de petróleo a Cuba, y el renovado énfasis en los minerales críticos dentro de la relación México–Estados Unidos.
Cada caso tiene su lógica interna. Sin embargo, comparten rasgos políticos inquietantes: son decisiones costosas, alimentan narrativas adversas, implican ajustes respecto de posiciones emblemáticas de la cuarta transformación (4T) y reabren debates que parecían cerrados. Pero lo más delicado no es cada hecho aislado, sino su lectura conjunta: la percepción de que detrás de todos ellos gravita la presión de Washington.
1. Decisiones políticamente costosas
La salida de Adán Augusto obligó a la Presidenta a recalibrar su relación con el expresidente López Obrador. No es un simple ajuste de liderazgo, sino un movimiento con profunda reverberación dentro de Morena. La suspensión del petróleo a Cuba, por su parte, toca fibras en la izquierda mexicana históricamente solidaria con La Habana. Aunque la medida busque evitar sanciones de Estados Unidos, resulta políticamente incómodo que se busque la anuencia de Washington para reanudar los envíos.
2. Narrativas negativas
La detención de Diego Rivera se presenta como prueba de que no hay impunidad partidista, pero también refuerza la impresión de una posible colusión entre autoridades y crimen organizado. La percepción de un narco-Estado vuelve a aflorar y el gobierno enfrenta una disyuntiva sin rentabilidad: si magnifica el caso, confirma un problema estructural; si lo minimiza, parece encubrirlo.
3. Desviaciones de política
La suspensión del envío de petróleo a Cuba rompe con una línea de continuidad reivindicada como política de Estado. El costo simbólico lo carga el gobierno de la 4T, que aparenta dar la espalda al régimen cubano en un momento crítico. Resulta paradójico que decisiones que en otro sexenio habrían generado protestas hoy no movilicen a las bases ni abran “las grandes alamedas”.
4. Reabriendo conversaciones superadas
El sector minero reaparece en el centro del debate tras años de críticas por abusos y extracción desregulada. Hoy, los minerales críticos son pieza clave en la integración productiva de Norteamérica. Aunque la Presidenta reitera que no habrá nuevas concesiones, la estrategia restrictiva limita la capacidad del Servicio Geológico Mexicano y genera dudas sobre la confiabilidad de México como aliado minero ante Estados Unidos.
5. El factor Washington
Lo más delicado no es cada decisión en sí, sino la percepción de un ánimo de complacer a Donald Trump y a la Casa Blanca. La narrativa incipiente sugiere subordinación: distanciamiento de figuras incómodas, acciones contra narcopolíticos, consultas para evitar sanciones, reconsideración de la minería por conveniencia bilateral.
Si se instala la idea de subordinación, los elogios de Trump adquirirán un sentido inquietante. La soberanía no se pierde de golpe; se diluye cuando las decisiones internas comienzan a explicarse con una partitura externa. Si la brújula estratégica apunta más hacia Washington que hacia Palacio Nacional, el problema no solo afecta la relación bilateral, sino la legitimidad interna. El elogio de Trump podría convertirse en el “beso del diablo”.




