Aliados contra la reforma electoral

La reforma electoral de Morena enfrenta el veto de sus aliados, mientras contradicciones políticas y tensiones internas exhiben los límites del poder de la 4T.



Morena sigue encontrando oposición a la reforma electoral entre sus aliados. Primero fue el PT y ahora el PVEM marcó sus líneas rojas. El senador Jorge Carlos Ramírez Marín dejó claro que el Partido Verde no apoyará ningún cambio que reduzca los plurinominales ni recorte el financiamiento a los partidos. Ricardo Monreal ya admitió que sin aliados no hay mayoría calificada, así que el mensaje es directo a Morena y a Claudia Sheinbaum: la reforma no pasará sin concesiones. El Verde defiende que esos cambios afectarían a las minorías, pero en la práctica también protege su supervivencia política. Morena deberá decidir si cede… o se queda sin reforma.

¡Ya nos exhibiste!

Ayer, precisamente, el coordinador de los diputados del PT, Reginaldo Sandoval, dijo sin empacho que la autodenominada Cuarta Transformación, de la que su partido forma parte, ya controla los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, por lo que consideró innecesaria una reforma electoral. Hoy, Monreal salió a decir “zafo”. Morena y aliados, aseguró, no controlan al Poder Judicial, pues éste es autónomo; el Congreso, dijo, es un espacio plural; es más, ni el Ejecutivo, pues la Presidenta es autónoma. Quién sabe en qué andará pensando el petista, de veras.

Testigos a modo

El Gobierno de la Ciudad de México resolvió la crisis animal con una estrategia infalible: llevar a algunos diputados locales, como Juan Rubio Gualito, representante de Iztapalapa, a visitar los refugios donde hoy habitan los perros y gatos extraídos del Refugio Franciscano. Con videos en redes sociales como prueba irrefutable, se repitió hasta el cansancio que los seres sintientes están en “perfectas condiciones”. Todo parece bajo control, salvo un detalle menor: nadie ha explicado qué pasará con tantos animales cuando termine el proceso legal, ni cómo se impulsará su adopción. Pero eso, claro, será tema para después.

Terrenos pantanosos

La presión de Washington para insertar fuerzas estadounidenses en operaciones contra el fentanilo en México renueva una lógica intervencionista que el discurso bilateral decía superada, y coloca la cooperación en seguridad en un terreno peligroso, donde la asimetría de poder sustituye al respeto institucional. La insistencia de Donald Trump en “hacer algo” no parte de una evaluación compartida de resultados, sino de una narrativa electoral y punitiva que convierte a México en extensión operativa de la crisis estadounidense de consumo, sin asumir responsabilidades internas ni atender las causas estructurales del mercado de drogas, que se sostiene, en buena medida, del lado norte de la frontera.

Llamadas a misa

Las prioridades expuestas por el secretario general de la ONU suenan correctas, urgentes y moralmente irreprochables, pero operan en un vacío político que las vuelve previsibles y, en buena medida, inofensivas, pues el organismo internacional no ha incidido en la resolución de conflictos armados ni en el intervencionismo estadounidense. En ese sentido, el mensaje funciona como una llamada a misa: convoca, apela a valores compartidos y reafirma principios, pero no altera conductas ni equilibrios de poder.