AMLO: El camino al poder

PEDRO PEÑALOZA
El poder sin el abuso pierde su encanto.
Paul Valéry

El presidente López Obrador ha construido históricamente su poder mediante la edificación de grupos y personas que deben tener dos actitudes: sumisión y lealtad ciega. Es decir, sin opiniones divergentes y si se presentan son motivo de sospecha y expulsión del círculo obradorista. Veamos su ruta política al poder.
1. AMLO fue y es un adicto al poder. Su paso por el PRI lo corrobora. Siempre al amparo de ideólogos locales y nacionales. Sus luchas tuvieron como brújula la obtención de espacios de poder. Claro, se vestía de estoico y sacrificado. Buena indumentaria para cautivar a incautos sedientos de figuras simbólicas.
2. El tabasqueño rompió con el partido tricolor por razones pragmáticas y no por diferencias políticas. La no postulación priista a la gubernatura por Tabasco fue el punto de inflexión para llegar al PRD y ser el candidato estatal. Su posterior derrota lo radicalizó, aunque su discurso siguió siendo ambiguo, pigmentado de un nacionalismo elemental.
3. Fue Cuauhtémoc Cárdenas quien lo catapultó a nivel nacional. En un congreso del PRD lo anunció prematuramente como su sucesor. Pasó de ser un dirigente local a un miembro de la dirección nacional. Así empezó a jugar en otras ligas, bajo el manto protector de Cárdenas. Sin embargo, su participación en las discusiones del Consejo Nacional eran escasas, si no es que nulas.
4. En ese marco, AMLO fue posteriormente ungido como presidente nacional del PRD, desde donde mantuvo sus actos efectistas, pero sin perfil de izquierda democrática. Ahí construyó su imagen de “puro” y con ese discurso desplazó a la burocracia original del PRD y construyó una corte de abyectos.
5. De esa manera, impulsó su candidatura como Jefe de Gobierno, la cual estuvo a punto de descarrilarse e incluso ser derrotada. Ya en el gobierno de la ciudad mantuvo una política sectaria con las izquierdas y al mismo tiempo una abierta alianza con Slim.
6. Su vocación autoritaria lo llevó a romper con el PRD y prácticamente desmantelarlo. Necesitaba un partido a su servicio. La formación de Morena satisfizo dicha ambición. El organismo no era ni partido ni movimiento. Resultó ser una simple agencia de colocaciones, como se ha mostrado reiteradamente.
7. El caudillo no cuestiona la violencia reciente entre miembros del “partido”, la subestima. Morena es un estado de ánimo, es la expresión del fanatismo, de la esperanza frustrada. Lo importante es que él siga decidiendo todo, hasta los aspirantes a diputados, senadores, gobernadores y, por supuesto, el candidato presidencial. El Frankenstein funciona, por el momento, a su servicio.
pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz

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