Café turco en CDMX: tradición, espuma y un sabor inesperado

La bebida se presenta como una tradición gastronómica de Medio Oriente, mostrando un ritual diferente de sabor



Fotos: Aracely Martínez

El aroma del café recién preparado detuvo por un momento la rutina de los visitantes. Ubicado sobre Avenida Juárez, esquina con Reforma en la Ciudad de México y frente a una pequeña mesa donde la arena caliente sostiene el recipiente metálico, Mohamed Ali prepara una bebida que despierta curiosidad: el tradicional café turco. Para algunos, como una mujer que por primera vez decide probarlo, se trata de una experiencia largamente esperada.

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Un antojo pendiente

“Siempre había escuchado del café turco en programas y tenía curiosidad”, comenta la mujer mientras observa el proceso. Durante mucho tiempo buscó dónde probarlo, hasta que su esposo encontró el lugar indicado. “Y aquí estoy, apenas lo voy a probar”, relata con una sonrisa.

El ritual llama la atención desde el primer momento. El pequeño recipiente se introduce en arena caliente para alcanzar la temperatura ideal, una técnica que distingue esta bebida de otras formas de preparar café. Para quienes lo ven por primera vez, el procedimiento resulta tan interesante como el sabor que promete.

La tradición de la arena

Mohamed Ali explica con calma cada paso del proceso mientras el café se calienta lentamente. La arena distribuye el calor de forma uniforme y permite que la bebida genere su característica espuma.

Este método heredado de generaciones en Medio Oriente busca resaltar la intensidad del café molido muy fino. El resultado es una bebida fuerte, aromática y con una textura particular que sorprende a quienes la prueban por primera vez.

Un sabor inesperado

Tras el primer sorbo, la mujer reflexiona sobre lo que percibe en el paladar. “Tiene un sabor como chocolatoso“, comenta. La comparación surge de inmediato con una bebida muy familiar en México.

“Me recuerda al chocolate que se hace aquí, con su espumita. Te deja ese saborcito y la textura es como chocolatosa para nosotros”, explica.

La reacción provoca sonrisas entre quienes observan el momento. La experiencia no solo confirma su curiosidad, sino que la deja satisfecha.

Encuentro entre culturas

Para Mohamed Ali, escenas como esta se repiten constantemente: personas que llegan intrigadas por el famoso café turco de solo 50 pesos y terminan descubriendo una tradición distinta.

“¿Le gustó?”, pregunta tras escuchar la descripción del sabor.

La respuesta es inmediata: “Sí, sí”.

Entre espuma, arena caliente y conversación, el café turco demuestra que más allá de su preparación milenaria, también puede convertirse en un puente sencillo entre culturas y paladares.