El Carnaval Jalos 2026 llegó a su cierre en una tarde marcada por el ambiente festivo y la gran entrada registrada en la Plaza de Toros Fermín Espinosa “Armillita”. Bajo un clima cálido y con los tendidos totalmente ocupados, la afición respondió al cartel de la tercera y última corrida, generando una atmósfera de celebración que acompañó cada momento del festejo.
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La función mantuvo interés constante, con actuaciones de entrega por parte de los alternantes, aunque el encierro de San Mateo ofreció un juego desigual que exigió oficio y determinación para obtener resultados. El público, metido en la corrida desde el inicio, valoró especialmente el esfuerzo de los toreros para sobreponerse a las condiciones de los astados.
El desenlace llegó con el triunfo de Ernesto Javier “Calita”, quien terminó por convertirse en el protagonista de la tarde al cortar la oreja del toro de regalo y firmar la actuación más rotunda del festejo, poniendo así el broche final a un gran carnaval en su tercera corrida.
Abrió plaza “Tabaco”, con 525 kilos de peso, del hierro de San Mateo, correspondiendo su lidia al rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza. De salida colocó dos rejones de castigo ante un toro de escasa colaboración, muy parado y sin romper hacia adelante, lo que condicionó el planteamiento inicial de la faena.
A pesar de las limitaciones del astado, Guillermo decidió pisar los terrenos y apostar por el lucimiento a base de cercanías y consentimiento. Fue construyendo la labor con firmeza y determinación, logrando conectar con los tendidos. Destacó especialmente en banderillas, donde mostró precisión y temple, colocando a dos manos y culminando con las cortas como colofón de la actuación, elevando el tono de la faena gracias también a la respuesta del público.
Sin embargo, cuando la obra parecía encaminada al premio, los fallos con el rejón de muerte impidieron la concesión de trofeos, quedando finalmente su actuación sin recompensa pese al mérito mostrado durante la lidia.
El segundo del festejo fue el serio “Encendedor”, de 560 kilos, del hierro de San Mateo, que correspondió a Ernesto Javier “Calita”. El torero mexiquense lo recibió para bregarlo ante un astado tardo en sus acometidas, aunque con disposición para embestir a pesar de su volumen.
Desde los primeros compases, “Calita” planteó una faena con ideas claras y determinación, colocándose muy por encima de las condiciones del toro. Supo robarle los muletazos, dándole adecuada lectura por el pitón derecho, donde logró los momentos de mayor lucimiento. Poco a poco fue construyendo una labor de peso, firme y bien estructurada. La actuación, ya consolidada, la rubricó con una certera estocada, suficiente para cortar una oreja de mérito, refrendando la solidez de su intervención.
El tercero fue “Cenizo”, de 560 kilos, del hierro de San Mateo, para Diego San Román. El queretano mostró disposición desde el inicio al recibirlo de rodillas con un capote variado, generando de inmediato un ambiente de entrega y reconocimiento, motivo por el cual brindó la faena al público.
El toro presentó complicaciones, descomponiéndose en los finales de cada embestida. Sin embargo, San Román, con el poderío y la cabeza fría que lo caracterizan, logró imponerse y romper la faena a base de valor y determinación. Por el pitón derecho cuajó series de gran importancia, manteniendo siempre el mando y los tiempos pese a las dificultades.
Durante la lidia sufrió una voltereta sin consecuencias. Tras incorporarse regresó al ruedo sin aspavientos, con notable serenidad, reafirmando su entrega sin perder la autoridad sobre el astado. Al momento de matar pinchó, por lo que se retiró entre palmas luego de una actuación de mérito.
El cuarto de la tarde correspondió al rejoneador navarro Guillermo Hermoso de Mendoza, quien lidió a “Puntito”, de 470 kilos, del hierro de San Mateo. Se trató de un toro franco y repetitivo que permitió una actuación lúcida desde los primeros compases. El caballista lo acarició toreando de costado y por dentro, muy al hilo de las tablas, pulseando con temple ante la nobleza del astado.
Ya en los medios, Guillermo se apoderó de los terrenos, quedándose en la cara y consumando las suertes en lo alto, logrando una faena entonada y de conexión con el público. Como cierre ejecutó un carrusel que coronó la parte artística de la labor.
Sin embargo, no pudo rubricar la obra con el rejón de muerte, perdiendo así los posibles trofeos. El toro, por su calidad, fue premiado con arrastre lento.
“Humo”, de 500 kilos, del hierro de San Mateo, fue el segundo del lote de Ernesto Javier “Calita”. Desde la salida se mostró incierto y mirón, condiciones que complicaron el desarrollo de la lidia y marcaron el tono de la faena.
El torero mexiquense respondió con una labor poderosa, basada en el mando y la técnica, aguantando los parones para conducirlo por el pitón derecho. Sin alardes innecesarios, fue construyendo una faena de trazo claro, de buena colocación y verdad en los muletazos, destacando varias series de peso.
Como cierre ejecutó un molinete y un cara a cara con el toro, dejando un golpe de autoridad y reafirmando su dominio en una actuación tesonera que logró conectar con el público. Un marmolillo fue el toro en la Suerte Suprema; el torero se retiró en silencio, y escuchando un aviso.
El sexto del festejo fue “Primo”, de 480 kilos, del hierro de San Mateo, para Diego San Román. El astado no ofreció prácticamente opciones, falto de entrega y sin permitir lucimiento, lo que obligó al queretano a plantear la lidia desde el esfuerzo y la determinación.
San Román se mostró muy por encima de las condiciones del toro, forjando una actuación tesonera a base de insistencia, firmeza y exposición, intentando siempre sacar muletazos donde apenas los había. Su disposición y capacidad lograron mantener el interés del público pese a la nula colaboración del astado. Al momento de la suerte suprema estuvo efectivo con el acero, lo que motivó la petición de oreja por parte del público, misma que fue concedida en reconocimiento a su esfuerzo.
El toro “Flamingo”, de la ganadería San Lucas, correspondió como ejemplar de regalo para Ernesto Javier “Calita”. El matador lo recibió de rodillas con el capote en los medios, gesto que despertó el interés del público, para después continuar la lidia con verónicas asentadas, templadas y bien rematadas, mostrando seguridad desde los primeros lances.
El astado presentó condiciones limitadas, sin demasiada transmisión ni entrega constante, lo que obligó al torero a construir la faena prácticamente por su propia iniciativa. “Calita” se mantuvo firme, paciente y con sitio, buscando siempre la distancia adecuada para aprovechar cada embestida. Poco a poco la labor fue tomando forma, ganando intensidad gracias a la técnica y determinación del diestro.
Con la muleta logró pasajes de trazo largo y buen temple, especialmente por el pitón derecho, donde consiguió ligar las series con ritmo, profundidad y calidad, cuidando las alturas y dándole aire al toro para sostener la continuidad. La faena tuvo momentos de hondura, destacando la capacidad del matador para administrar los tiempos y exprimir las pocas opciones del ejemplar.
Convincente en su planteamiento y entrega, coronó la obra con una estocada eficaz, suficiente para que el público solicitara el trofeo. El juez concedió una oreja como reconocimiento a una actuación meritoria construida sobre la firmeza y el oficio.
Ficha: Jalostotitlán, Jalisco. Plaza de Toros Fermín Espinosa “Armillita”. Tercera y última corrida de toros del Carnaval Jalos 2026. Entrada lleno. Tarde muy cálida. Toros bien presentados de San Mateo, de poco juego en su conjunto, destacando el cuarto, de arrastre lento. Se regaló un toro de San Lucas, deslucido. Guillermo Hermoso de Mendoza, silencio y silencio. Ernesto Javier “Calita”, oreja y silencio tras aviso, y oreja en el de regalo. Diego San Román, silencio y oreja.

Foto: Manolo Briones 












