COP28

1, diciembre 2023

LUIS HUMBERTO FERNÁNDEZ

Este jueves arrancó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP) en su edición número 28, en Dubái. Esta Conferencia tiene el objetivo de evaluar el cambio climático y reducir los gases de efecto invernadero  para limitar el aumento de la temperatura global. Sin embargo, después de 28 años de realizarse esta reunión, la realidad es que la COP se vuelve a agrupar, pero con muy pocos logros.

Los resultados de la COP han sido tan insignificantes, que de acuerdo con un informe publicado por Oxfam y el Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo, tan solo en México el 1% de los más ricos contamina más que el 80% de la población nacional, duplicando sus emisiones de dióxido de carbono entre 2019 y 2020, mientras que el 99% las redujo en un 30%. Esta misma tendencia se replica en el resto del mundo, el 1% más rico de la población mundial generó la mismas emisiones que el 62% de los habitantes del mundo, lo que según las proyecciones puede provocar hasta 1.3 millones de muertes asociadas a golpes de calor hacia el 2030. Este informe, además de evidenciar una terrible desigualdad socioeconómica, hace evidente que la COP ha fallado y que no ha habido una reducción significativa en la contaminación.

La realidad es que el último acuerdo más importante se realizó en París hace 8 años y lo más relevante fue que todos los países se comprometieron a mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 grados centígrados. Hoy estamos a 1.4 grados, por lo que estamos a una décima de llegar a nuestro límite, y para 2027 se espera que estemos a 1.8. Algunos datos alarmantes de estos incrementos a la temperatura los podemos sentir todos: este año ha sido el más caluroso en la historia de la humanidad, y los próximos 5 serán todavía más calientes, lo que hace evidente que estas conferencias no han servido para nada.

Sin duda ha hecho falta una visión social, por lo que es urgente una acción global pero en un formato más efectivo. No basta con hacer la transición de los combustibles fósiles hacia las energías limpias, o reunirse cada año para hacer acuerdos que nadie va a cumplir, es necesario combatir la desigualdad en todas sus formas y dar prioridad al bienestar de la gente, en vez de priorizar los hábitos de consumo. El mundo necesita una transformación igualitaria, democrática y humanista, pero sobre todo, un cambio fundamental de nuestros objetivos como sociedad y como humanidad. Esta crisis climática no sólo es resultado de una explotación y depredación desmedidas de la naturaleza, sino también de un acaparamiento totalmente injusto de los recursos y de la riqueza.

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