“Dásela al 10”: lo que hay detrás del aumento en el precio del oro

El alza histórica del oro refleja la búsqueda de seguridad de los mercados ante la incertidumbre global, actuando como el “10” en momentos de presión financiera.


JESÚS VACA

En las últimas semanas, el precio del oro superó por primera vez en la historia los 4 mil 600 dólares por onza, y ha mostrado un crecimiento sostenido en los últimos días. Este comportamiento se ha replicado en menor medida en otros metales como la plata. Además, ha estado acompañado de un constante debilitamiento del dólar.

No es casualidad. Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, estas tendencias reflejan las preferencias de los mercados (especialmente de la demanda), las cuales se modifican debido a la percepción de riesgo global.

El principal factor detrás del incremento en el precio del oro es el aumento de la incertidumbre en los mercados internacionales. En el ámbito geopolítico persisten conflictos armados, tensiones regionales y riesgos de escalamiento que elevan la volatilidad y reducen la previsibilidad económica.

En este entorno, los inversionistas tienden a ajustar sus portafolios, reduciendo exposición a activos de mayor riesgo y fortaleciendo posiciones en instrumentos tradicionalmente considerados activos refugio.

A este contexto se suma la creciente confrontación entre Donald Trump y la Reserva Federal (FED), el banco central de Estados Unidos. Más allá del debate político, lo relevante es la percepción de un posible debilitamiento de la autonomía del banco central, lo que podría traducirse en presiones inflacionarias, cambios abruptos en la política monetaria y mayores tasas de interés, con efectos negativos sobre el crecimiento económico. Este tipo de factores incrementan la aversión al riesgo y afectan directamente la confianza en el dólar.

Desde la lógica del futbol, en un momento de alta tensión (una final, un partido de eliminación directa o un penal en los últimos minutos) los equipos tienden a simplificar decisiones. Se reduce el riesgo innecesario y, casi de forma automática, se busca al jugador más confiable. “Dásela al 10” no es una frase romántica: es una estrategia racional bajo presión que busca reducir el riesgo en momentos complejos.

En esos escenarios nadie busca experimentar. Pocos levantan la mano para tirar el penal. Pocos piden la pelota en el centro del campo. El portero ya no sale jugando ni regatea. El objetivo es minimizar el error. El jugador con mayor técnica, experiencia y capacidad para resolver bajo presión es el que toma el balón y al que van todos los pases. Dicen por ahí: “Dásela al 10”.

En contraste, en partidos de baja exigencia o con el marcador controlado, los equipos se permiten diversificar: todos quieren tirar, todos piden la pelota, se prueban esquemas, se rotan jugadores y se asumen más riesgos. Es ahí cuando entendemos que el jugador que no se achica, el que aparece en los momentos importantes, se vuelve el más valioso ante escenarios de crisis e incertidumbre.

Los mercados financieros operan bajo una lógica similar. En entornos de estabilidad, los inversionistas diversifican sus portafolios. Sin embargo, cuando la incertidumbre aumenta, el objetivo cambia. Ya no se busca maximizar rendimientos, sino proteger el capital. En ese escenario, la diversificación pierde prioridad frente a la seguridad.

El oro cumple ese papel. Aunque no genera muchos flujos productivos, ha sido históricamente percibido como una reserva de valor confiable. El oro es el 10 de los mercados financieros ante escenarios complejos y de incertidumbre.

En síntesis, el incremento en el precio del oro refleja una lógica bien conocida tanto en la economía como en el futbol: cuando el partido se complica, se juega a lo seguro. Mientras persistan las tensiones geopolíticas, la incertidumbre sobre la política monetaria estadounidense y la volatilidad financiera global, el oro seguirá siendo ese jugador confiable al que, en los momentos decisivos, todos prefieren entregarle el balón.