¿De primera o deprimente?

Por Gillermo Deloya Cobián

Seamos serios, el flamante “aeropuerto” de Santa Lucía, viene a empobrecer la imagen del país a un grado lastimoso; es un conglomerado de tonalidades grisáceas que seguramente causarán una funesta primera impresión a quien nos visite. El aeropuerto internacional Felipe Ángeles equivale visualmente a equipararnos como mexicanos a la dejadez y a la mediocridad. Por que no se puede negar que la experiencia de viajar, mucho se disfruta desde el momento mismo en que se llega al destino. Tal cuestión ha sido ampliamente investigada en los denominados círculos de experiencia turística integrales; un estudio que involucra toda la ruta de visita a un destino determinado, y donde existe una ponderación significativa a la experiencia que representa el paso por un aeropuerto. Para darnos una idea de la medición de calidad; desde 1999, la empresa de sondeo mundial Skytrax, ha perfeccionado la metodología de cuantificación de calidad de los aeropuertos en el mundo. De tal manera, que existe una competencia por conseguir la mejor experiencia posible del usuario aeroportuario, a efecto de lograr el reconocimiento mediante un premio que publicita y prestigia a los ganadores. En este pasado año, se alcanzaron a analizar 550 aeropuertos con la opinión de miles de usuarios de poco mas de un centenar de nacionalidades. En los reactivos que componen los sondeos, se utilizan desagregados 40 tópicos dentro de los cuales están: apariencia y diseño del conjunto aeroportuario, innovación tecnológica, seguridad, tiempos de espera, accesibilidad con los alrededores, tiempos de traslado a principales centros urbanos, limpieza, sustentabilidad, claridad en la información para viajeros, actividad comercial de calidad, identidad cultural con el país, exposición de arte o artesanía, accesibilidad para discapacitados y un amplio etcétera que al leerlo hace bajar la cabeza con real vergüenza a quienes hemos visto el bonito logro conseguido en Zumpango, Estado de México. Los premiados en 2020 fueron en su mayoría asiáticos, donde Singapur se lleva el primer lugar. El aeropuerto de Changi conecta a 200 destinos, y dio servicio a 80 aerolíneas internacionales y a mas de 70 millones de pasajeros en el año. Cuenta con complejos comerciales y de servicios inigualables y produce poco más de 5 mil operaciones a la semana. Le siguen el Haneda de Tokyo, el Doha Hamad de Qatar, el Incheon de Seul y el de Munich. Nuestro ya conocido aeropuerto internacional de la Ciudad de México, no figura ni en el top 100 mundial, ni en ninguna categoría premiada. Simplemente estamos atrás de aeropuertos africanos, caribeños y centro americanos, sin que esta mención suene a desdén por aquellos. Imaginemos entonces cómo será el futuro cuando, no solo por estética, sino por viabilidad operativa nos empecemos a enfrentar a la realidad del intentado complejo aeroportuario. De esta visión de austeridad mal entendida en el gobierno federal surgen más desventajas que oportunidades. Para empezar, es engañoso el decir que existe un ahorro con la cancelación de Texcoco de cerca de 225 mil millones de pesos. No es exacto cuando se tiene que estimar la suma de los montos por compensación ante la cancelación de contratos, así como la aproximación a la derrama económica potencial que tenía Texcoco por servicios y comercio aledaño. En este último punto, se estima que el potencial del Felipe Ángeles es cercano a cero, mientras en Texcoco hablábamos de varios miles de millones de posible producción.

En un sector como el turístico, donde existe una situación trágica por efectos económicos adversos de la pandemia, es lamentable que no se abone en infraestructura de servicio aeroportuario de calidad. Tan solo en el pasado año, se dejaron de recibir 20 millones de turistas extranjeros, una reducción de 46% en respecto al 2019 y que representó una pérdida aproximada de 13 mil millones de dólares. Es urgente reactivar el sector para propiciar una recuperación paulatina. En una comparación con el comportamiento humano diría que esto es el equivalente al tratar de conquistar a una pareja; para agradarle en una primera cita, me ataviaría con las ropas más relucientes y favorecedoras de mi figura. Tal vez iría a una estética para conseguir mejor arreglo personal y sin duda me perfumaría en confortables aromas. No llegaría con la peor imagen posible que denote descuido o depresión; así el aeropuerto “de primera”, el que es “como ningún otro en el mundo”. ¿De verdad así queremos vernos los mexicanos para decirle al mundo bienvenidos a mi tierra?