Del libre comercio al control estratégico

La estrategia arancelaria de Estados Unidos redefine el orden económico global, priorizando control geopolítico, seguridad económica y poder del dólar sobre eficiencia comercial.



Contexto

La estrategia arancelaria de Estados Unidos es considerada como un retorno al proteccionismo; sin embargo, su evaluación estratégica revela una transformación profunda: un rediseño deliberado del orden económico global, en el que el comercio deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta de control. Donald Trump actúa menos como ideólogo y más como negociador experimentado que utiliza los aranceles con flexibilidad táctica: imponerlos, postergarlos o retirarlos según sus objetivos.

El nuevo orden económico global

Seguridad nacional y reindustrialización son marcos legitimadores de la estrategia. El sistema neoliberal que dominó tres décadas quedó desplazado por un modelo de control estratégico: Estados Unidos asume los costos de transición, como la inflación, disrupciones en cadenas de suministro y presión financiera sobre el dólar, para reducir su dependencia de China y recuperar margen de maniobra frente al resto del mundo.

Este cambio implica una redefinición estructural del comercio, y prioriza las ventajas geopolíticas, con posición dominante norteamericana, el acceso a su mercado de consumo y la profundidad de su sistema financiero. En consecuencia, las decisiones de inversión de empresas y países se alinean crecientemente con sus intereses.

La guerra arancelaria es la transición a un entorno caracterizado por la competencia entre grandes bloques económicos por liderazgo industrial, tecnológico y normativo. Estados Unidos, China, la Unión Europea y Asia-Pacífico configuran esferas de influencia que reordenan flujos de comercio, capital y tecnología. La afinidad política y la cercanía estratégica sustituyen a la eficiencia pura como criterios dominantes de integración económica.

México y Canadá son economías dependientes del mercado estadounidense, consolidándose como socios estratégicos para la resiliencia de las cadenas de suministro regionales. El nearshoring no es sólo una decisión de costos, sino una apuesta por continuidad operativa, control de riesgos y proximidad logística.

El nuevo orden económico puede entenderse a partir de cinco pilares fundamentales:

  1. Seguridad económica igual a seguridad nacional, con sectores críticos como semiconductores, energía, defensa y alimentos bajo criterios de soberanía, redundancia y control.
  2. Política industrial activa y selectiva, mediante incentivos fiscales y compras públicas, fortaleciendo capacidades domésticas en manufactura avanzada y redefiniendo la ventaja competitiva como capacidad estratégica más que eficiencia de costos.
  3. Reconfiguración de cadenas de valor mediante nearshoring hacia países aliados, priorizando la resiliencia sobre la eficiencia marginal.
  4. Dominio tecnológico y control de estándares, con tecnologías fundacionales gestionadas mediante controles de exportación y liderazgo regulatorio.
  5. Finanzas y el poder del dólar como palancas de influencia; las sanciones y los marcos de compliance se convierten en variables estratégicas para empresas multinacionales.

En conclusión

El cambio de paradigma impulsa una regionalización disciplinada, con resiliencia, control de riesgos sistémicos y alineamiento geopolítico. Las decisiones de inversión, localización y tecnología requieren una lectura geopolítica integrada. Las empresas que anticipen este entorno y ajusten sus cadenas de valor, gobernanza y cumplimiento regulatorio demostrarán valor sostenible.

El orden económico responde a una lógica de seguridad económica, competitividad industrial y disciplina geopolítica, consolidando el uso del poder estadounidense para definir alineamientos, flujos de inversión y trayectorias de desarrollo. El desafío no es resistir el cambio, sino integrarse estratégicamente a este marco, como lo ha hecho México, maximizando beneficios y mitigando vulnerabilidades en un sistema donde el acceso al mercado estadounidense se convierte en el principal vector de poder.