Eduardo Nájera del rechazo en el béisbol a ser el primer mexicano elegido en el Draft de la NBA: “Llegué a romper madres en Estados Unidos”

Eduardo Nájera superó el rechazo inicial en el béisbol para convertirse en el primer mexicano en llegar a la NBA



Foto: Martín Avilés

Eduardo Nájera tenía 14 años cuando se inscribió al equipo de béisbol del CBTis 122 en su natal Chihuahua. Ilusionado, acudió a su primer entrenamiento con la esperanza de seguir los pasos de su padre, Servando ‘El Vikingo’ Nájera, quien jugó con los Dorados de Chihuahua en la década de 1970. Pero al llegar, el entrenador lo vio de pies a cabeza y le dijo que no servía para ese deporte. Lalo sintió que el corazón se le estrujaba, sin imaginar que ese dolor lo convertiría en el combustible que lo llevaría a convertirse en el primer mexicano en alcanzar la NBA vía Draft.

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Sus padres ni siquiera terminaron la secundaria, pero inculcaron en Nájera valores que lo hicieron fuerte como un roble que ni los peores vientos lo hacían tambalear. Pero nada marcó tanto su vida como el ver a su padre cubierto de polvo en los áridos diamantes de Chihuahua, donde bateaba la pelota con tal fuerza, que Lalo quedaba atónito al verlo recorrer las almohadillas con una determinación que adaptó en las duelas donde se convirtió en un monstruo de la defensa. Y que no habría ocurrido de no ser por ese desdén del manejador del equipo de béisbol del CBTis 122.

“Yo vengo de barrio, mis papás, vieja escuela. Ni siquiera terminaron la secundaria, terminaron la primaria. Hicieron lo que pudieron con las herramientas que mis abuelos les ofrecieron. Lo que sí es que vi el trabajo diario de mi papá y vi la humildad de mi mamá también, que eso me ayudó mucho en mi carrera. Llego al CBTis 122 sin dirección de mis padres, mi padre fue jugador profesional de béisbol en Chihuahua. Entonces comencé a ver su ética de trabajo, a ver cómo se preparaba. Yo quería ser como mi padre, obviamente. Mi mamá, ama de casa, tenía el trabajo más difícil de todos, que era sostener, asegurarse de que todos: mis hermanos, hermanas, estuviéramos fuera de problemas. Eso es muy difícil y también de admirarse”, dice Nájera en exclusiva para OVACIONES.

Foto: Martín Avilés

“Pero al final llego al CBTis 122, el entrenador de béisbol me ve de pies a cabeza y me dice, ‘no me sirves para el béisbol’. ¿Cómo le puedo decir eso a un niño de 14 años? Me mató el sueño en ese momento. Lo único bueno que me dijo, después de matar mi sueño, ‘ve a tratar el básquetbol‘. Y como buen estudiante y buen atleta que adapta y sigue órdenes, me fui al básquetbol y ahí comienza mi carrera en el básquetbol. Ahí comienza la pasión por el básquetbol y el compromiso con el deporte. Y comenzó con fracasos”, agrega el exjugador de 49 años de edad.

A pesar de su estatura, que ya perfilaba a alcanzar los 2.03 metros que ahora presume, en su primer partido con el CBTis 122 no jugó ni un solo minuto. Lalo sintió vergüenza, pero no claudicó. Eso lo motivó a entrenar el doble. Sin supervisión alguna, se levantaba a las 4:00 am para darle 10 vueltas a la pista de atletismo. Luego, subía y bajaba escaleras para así poder mejorar su salto.

“A raíz de eso, lo agarré como motivación y me propuse que nunca, jamás, no participaría en un partido. Regresé al laboratorio, regresé solito, con el balón de básquetbol a trabajar mi técnica, a correr un poco más. Trabajaba solo, sin entrenadores, entrenadoras que me guiaran. Lo que sí tenía era el compromiso conmigo mismo y el hambre de sobresalir, que eso también es muy importante dentro de la trayectoria de un atleta y eso también tiene que ver mucho, específicamente en el fútbol soccer, pues no lo ven los jugadores de fútbol porque todo se les da. Acá no. En nuestros otros deportes, nosotros tenemos que ir a buscar eso. Y tenemos que ser creativos, buscar apoyos, buscar becas”, comparte.

El exmiembro de la Selección Mexicana de Baloncesto y quien fuera seleccionado por Houston Rockets en el puesto 38 del Draft de 2000 para luego ser transferido esa misma noche a Dallas Mavericks, no tenía ni siquiera el calzado adecuado para practicar básquetbol. Tocó puertas entre sus familiares cercanos para poder adquirir unas zapatillas especializadas para jugar, sabedor de que esa herramienta era necesaria para tener mejores saltos.

“Todo eso es válido y es lo que me hace tener tanta experiencia. Y son las raíces que nunca olvido. Es la razón por la que soy quien soy, aunque esté en una posición ya financieramente establecida y tenga negocios, tenga ahorros y tenga la habilidad de ayudar a mi familia. Nunca me olvido de todos esos retos y todos esos consejos de entrenadores y entrenadoras, tanto buenos como malos. Y es lo que construye mi carácter. Y creo yo que eso fue parte de mi éxito, porque siempre los llevé adentro, igual con la familia”, asegura.

Lalo se convirtió en un jugador tan dominante en Chihuahua, que surgió la oportunidad de irse a jugar a Fort Worth, Texas, en la Cornerstone Christian Academy, una escuela privada en San Antonio. Sin saber inglés, le pidió a Don Servando su ayuda para mantener vivo ese sueño de jugar en un futuro en Fort Worth, Texas, la máxima liga de baloncesto mundial.

“Mi papá, a mis 18 años, cuando yo decidí irme a Estados Unidos, mi mamá —yo soy el más joven de la familia— llorando dijo: ’no, el menor se va a ir a Estados Unidos, no puedo aceptar eso’. Mi papá me voltea a ver y dice, ‘sí, vete, alguien menos en la casa que tengo que alimentar o tenga que procurarme’. Y me llevó a la central camionera. Tuve que subirme al camión, me dio 100 dólares y me dijo, ‘no te quiero volver a ver’”, recuerda.

“Ahora entiendo a mi papá y entiendo lo que él trató de decir, pero sin educación y sin experiencia, él trató de decir, y fue como yo lo tomé, ‘no te quiero volver a ver, porque si regresas, significaría que fracasaste’. Entonces llegué con toda la motivación del mundo, llegué a romper madres en Estados Unidos. ¿Por qué? Porque no había paso atrás. Ya me lo ha dicho mi padre y también yo lo veía como un fracaso”, refuerza.

Fue así que en 1995, Kelvin Sampson, entrenador del equipo de baloncesto masculino de Oklahoma Sooners, voló hasta San Antonio, Texas, con la información de que un mexicano podía ser una pieza perfecta para su rompecabezas. Y se lo llevó. Nájera fue un destacado alero con los Oklahoma Sooners entre 1996 y 2000. Lideró a OU a cuatro torneos consecutivos de la NCAA, fue incluido en el equipo ideal de novatos de la Big 12 en 1997 y se convirtió en un jugador clave, conocido por su garra, consolidando su legado como uno de los mejores reboteadores de la historia del equipo.

Foto: Martín Avilés

“El éxito te da la confianza para continuar. Puedo decir, hubo varias jugadas, partidos, pero voy a decir una jugada específicamente. En la Universidad de Oklahoma, mi segundo año, yo tengo el talento para ser el líder y el mejor, no solamente del equipo, de Estados Unidos en la liga de la NCAA. Estamos abajo dos puntos y el entrenador pide tiempo fuera. La jugada que él diseña es para mí. Yo no soy líder dentro de la cancha en cuestión de la técnica de básquetbol. Se abren todos y lo único que me dice ‘usa tu habilidad, vete por el lado derecho, llega a la canasta y anótala, para empatar el partido, para irnos a tiempo extra‘. Esa fue la jugada y me dio la confianza”, responde Nájera sobre el momento en que se dio cuenta que podía realmente llegar a la NBA.

En ese momento, le dieron el balón a falta de solo 10 segundos en el reloj y ante 25 mil personas a la expectativa de lo que pudiera hacer. Fueron instantes los que tuvo para poder ejecutar la jugada. Y lo hizo con el recuerdo de esa tenacidad de su padre en el diamante.

“Es una decisión de 50-50; 50% va a funcionar y 50% va a fracasar. En mi mente, con mi confianza, agarro el balón y me voy rápidamente por el lado derecho, que es mi fortaleza. Si hago un cruce a la izquierda, me regreso a la derecha y de ahí veo el ángulo abierto para atacar completamente y con toda la fuerza, toda la velocidad que mi cuerpo me da, llego a la canasta, pero me hace un foul y no meto en la canasta. Entonces ahora se vuelve más, hay más presión. Meter los dos tiros libres, que tu equipo depende de ti, tu entrenador depende de ti, la comunidad depende de ti, la universidad depende de ti, el país depende de mí. Los anoto y nos vamos a tiempo extra, ese fue el momento clave para mí, que me dio la confianza de que sí iba a llegar a la NBA. Que sin mi actitud y mi mentalidad, con la preparación que ya tenía, sabía que iba a poder llegar a la NBA”, finaliza.