Este año se tiene que renovar la titularidad de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el guardián del dinero público en México. El detalle es que llega a este proceso con poca credibilidad.
Conviene recordar qué es la ASF. Es un órgano técnico de la Cámara de Diputados. No depende del Presidente ni del gobierno en turno. Depende del Poder Legislativo y su tarea es revisar la Cuenta Pública.
Es decir, auditar cómo se gastó el presupuesto federal en dependencias, órganos autónomos, estados, municipios y cualquier entidad que maneje recursos federales. La ASF no mete a nadie a la cárcel, pero sí puede denunciar, señalar responsabilidades y recuperar dinero.
MALOS ANTECEDENTES
El actual auditor, David Colmenares Páramo, fue nombrado en 2018 para un periodo de ocho años. Su designación nunca fue vista como técnica. Se habló desde el inicio de un acuerdo entre el PRI y Morena, el famoso PRIMOR.
En ese momento, legisladores del PAN y del PRD advirtieron que se estaba nombrando a un auditor cómodo para los dos bloques. La votación fue rápida, sin debate profundo. Se aprobó sin problemas, pero las dudas quedaron ahí.
Colmenares venía de una larga carrera ligada al PRI. Había pasado por Hacienda, gobiernos estatales y la propia ASF. Su perfil fue cuestionado por especialistas como Muna Dora Buchahin, exdirectora de Auditoría Forense, quien afirmó que tiene todo menos ser auditor.
MALOS RESULTADOS
Ocho años después, el balance es difícil de defender.
De acuerdo con datos oficiales, la recuperación de recursos se desplomó. Mientras que con el auditor anterior se recuperaron más de 73 mil millones de pesos en cinco años, con Colmenares apenas se recuperaron alrededor de 14 mil millones entre 2018 y 2022.
Las denuncias también cayeron. La ASF presentó solo 22 denuncias por irregularidades del actual gobierno, frente a cientos en sexenios anteriores. Una caída de más del 90%.
El episodio que marcó a la ASF ocurrió en 2021. Una auditoría reveló que cancelar el aeropuerto de Texcoco costaría más de 331 mil millones de pesos. El dato incomodó al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien acusó exageración y mala fe.
Días después, la ASF se retractó. Reconoció errores de cálculo. Agustín Caso, auditor especial responsable del informe, denunció presiones internas para suavizar auditorías. Se negó y fue despedido después.
MEGAPROYECTOS BLINDADOS
Desde entonces, la ASF ha sido acusada de auditorías superficiales a los proyectos emblemáticos del gobierno: Tren Maya, Dos Bocas, AIFA y el Tren Interoceánico.
Sí hubo revisiones, pero sin profundidad, sin auditorías forenses y sin denuncias. Incluso se cancelaron auditorías ya aprobadas. De 2018 a 2023 se cancelaron casi 200 auditorías.
Especialistas y organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad han advertido una autocensura sistemática: no tocar lo incómodo.
LA AUDITORÍA QUE MERECEMOS
Colmenares deja la vara baja. Lo mínimo es la independencia del próximo auditor. Prohibir la reelección. Evitar que busque quedar bien con quien lo puede ratificar.
También acelerar los tiempos. Que las irregularidades no duerman años. Que las denuncias se presenten a tiempo. Recuperar la auditoría forense y volver a revisar a fondo los megaproyectos, sin excepciones.
Fortalecer los contrapesos internos. Que la ASF no sea la auditoría de una sola persona. Y volver a coordinarse con el Sistema Nacional Anticorrupción, al que Colmenares dejó de asistir desde 2019. La Auditoría no está para acompañar al poder, sino para vigilarlo.
EL DATO INCÓMODO
El Fondo Monetario Internacional estima que México crecerá 1.5% en 2026, tras haber cerrado 2025 con apenas 0.6%, su peor desempeño desde la pandemia. La economía se recupera poco, pero sigue muy por debajo de su potencial y del promedio regional.



