El mundo vive en un estado de caos marcado por conflictos prolongados: ONU

En su última exposición de prioridades, António Guterres reconoció un escenario global de fragmentación, conflictos e impunidad



Foto: cortesía de la ONU México

En su última comparecencia anual ante la Asamblea General, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, delineó las prioridades para 2026, alertó sobre un contexto global de caos y defendió la vigencia de la Carta, la paz con justicia y la cooperación multilateral frente a conflictos, desigualdad y crisis climática.

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Durante su mensaje, Guterres partió de una admisión poco habitual en este tipo de intervenciones: el mundo entró a 2026 en un estado de caos marcado por conflictos prolongadosdesigualdad extrema y debilitamiento del derecho internacional.

El diagnóstico incluyó un reconocimiento explícito de que la cooperación global perdió centralidad justo cuando resultó más necesaria, con Estados que recortaron ayuda humanitaria, incumplieron aportaciones financieras y aplicaron el derecho internacional de forma selectiva, erosionando la legitimidad del propio sistema multilateral.

Frente a ese escenario, el secretario general planteó tres prioridades transversales más normativas que operativas, comenzando por el respeto pleno a la Carta de las Naciones Unidas, principio que presentó como base irrenunciable, aunque admitió que su incumplimiento ocurrió de forma abierta, visible y sin consecuencias inmediatas para muchos actores.

La segunda prioridad, la paz con justicia, se expuso como una noción amplia que abarcó desde los conflictos armados activos —Gaza, Ucrania y Sudán— hasta las causas estructurales del conflicto, como el rezago en desarrollo, la pobreza y la desigualdad, sin que se delinearan mecanismos nuevos para revertir dinámicas ya prolongadas.

En ese marco, el secretario general reconoció que silenciar las armas no bastó y que la paz sostenible dependería del desarrollo, aun cuando dos tercios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible permanecieron fuera de ruta y el déficit anual de financiamiento para países en desarrollo superó cuatro billones de dólares.

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La tercera prioridad, la unidad social en un contexto de polarización, se presentó como respuesta al avance del racismo, la xenofobia y la desinformación, fenómenos que, según el diagnóstico, se alimentaron de la exclusión económica, la concentración de riqueza y la percepción de abandono en amplios sectores sociales.

Uno de los ejes más sensibles del discurso fue la concentración extrema de poder económico y tecnológico, al señalar que el uno por ciento más rico concentró 43 por ciento de los activos financieros globales, mientras un número reducido de corporaciones y actores privados influyó en narrativas públicas, procesos políticos y el uso de tecnologías como la inteligencia artificial.

En este punto, el secretario general situó como prioridad la gobernanza global de la inteligencia artificial, con el anuncio del Panel Científico Independiente, aunque el planteamiento quedó limitado a principios de regulación y ética sin abordar de fondo la asimetría de poder entre Estados, empresas y plataformas.

La reforma institucional apareció como una prioridad implícita más que como un eje estructurado, al advertir que las reglas de 1945 ya no responden a la realidad de 2026, especialmente en el Consejo de Seguridad y en las instituciones financieras internacionales, aunque sin precisar rutas políticas viables para destrabar esos cambios.

En materia climática, el discurso colocó la crisis ambiental como un multiplicador de amenazas y una injusticia estructural, al reconocer que el objetivo de 1.5 grados quedó en riesgo inmediato, aunque la respuesta volvió a apoyarse en compromisos conocidos: reducción de emisiones, transición energética y financiamiento para adaptación.

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El mensaje cerró con un llamado a evitar la complacencia y a preservar la promesa fundacional de las Naciones Unidas, en un contexto donde las prioridades expuestas contrastaron con un margen de acción limitado por la falta de consenso, recursos y voluntad política de los propios Estados miembros.