El ocaso del INE y la reforma electoral

El INE llega dividido y debilitado al debate de la reforma electoral, tras recortes, baja participación y la inminente salida de consejeros clave.



El Instituto Nacional Electoral (INE) acaba de presentar su propuesta de reforma electoral ante la Comisión Presidencial encabezada por Pablo Gómez.

Pretendían entregar más de 300 propuestas. Al final fueron alrededor de 240. No por falta de ideas, sino por falta de acuerdos. Once consejeros no lograron una sola voz común.

Y tampoco asistieron todos a la entrega. Así, el árbitro electoral llega a la discusión más importante del año de manera fragmentada, debilitada y hasta en el canal equivocado.

LA PROPUESTA

El problema lo marca el contexto político. El INE tuvo dificultades incluso para ponerse de acuerdo internamente. Hubo filtraciones, reclamos públicos y desmentidos de su propia presidencia. Al final entregó su propuesta al Poder Ejecutivo, en lugar del Congreso, ahí donde se discutirá la verdadera reforma electoral.

Pero ese no era el golpe más fuerte.

En 2025, el INE organizó por primera vez una elección del Poder Judicial. Lo hizo con un presupuesto muy inferior al que solicitó. El recorte fue impuesto por el gobierno de Claudia Sheinbaum, con respaldo de la Cámara de Diputados, dominada por Morena y aliados. La premisa era que las elecciones podían hacerse con menos recursos.

El INE cumplió. Organizó la elección. Pero el resultado dejó dos heridas.

La primera fue la participación. Menos del 13% del padrón acudió a votar. Una elección nacional con niveles de participación históricamente bajos.

La segunda fue el precedente. Se demostró que el INE puede organizar elecciones con fuertes recortes, aunque la calidad y el alcance se resientan. Eso le dio al gobierno un argumento poderoso: si se pudo una vez, se puede volver a hacer. A menor costo.

Desde entonces, Sheinbaum ha reiterado que su reforma electoral buscará abaratar elecciones. El presupuesto dejó de ser una línea roja.

El INE quedó políticamente debilitado. Organizó una elección de baja participación y al mismo tiempo mostró que puede operar con menos. Una combinación peligrosa para su autonomía futura.

LAS SALIDAS

En abril de este año dejarán su cargo cuatro consejeros: Dania Ravel, Claudia Zavala, Jaime Rivera y Martín Faz. Ellos conformaban una parte central del bloque de contrapeso dentro del Consejo General.

Con su salida, el equilibrio interno cambia por completo. Y se abren dos escenarios.

El primero es que Morena use su mayoría calificada en la Cámara de Diputados para nombrar sustitutos afines. Con eso, el partido en el poder tendría control casi total del Consejo General.

El segundo escenario es más inquietante: que no se nombren sustitutos, bajo el argumento de que la reforma electoral reducirá el número de consejeros. Morena podría apostar a modificar la integración del consejo y recortarlo, como ya se intentó en el pasado.

En ambos casos, el resultado es el mismo: un INE con menos contrapesos internos y bajo mayor control político.

SIN FARO

La paradoja es evidente. Se avecina la gran discusión del año. La reforma electoral redefinirá cómo se accede al poder, cuánto cuestan las elecciones y qué reglas rigen la competencia política.

Y justo ahora, el INE llega sin la fortaleza necesaria para ser un faro democrático en esa gran batalla.

Llega dividido, con menos autoridad, con legisladores molestos, con consejeros a punto de salir y con la amenaza de una reconfiguración impuesta desde el poder.

EL DATO INCÓMODO

Todavía no acaba enero y México ya salió dos veces a pedir deuda externa: primero 9 mil millones de dólares, ahora 4 mil 750 millones de euros, según Hacienda. Dicen que es “anticipar financiamiento”, pero ocurre al inicio del año, cuando prevén mejores condiciones en próximos meses.
¿Por qué tanta prisa?