El ruido como arma política

El poder utiliza la saturación informativa como estrategia para diluir temas incómodos, generar fatiga social y debilitar la rendición de cuentas.



En la política actual, el exceso de información ya es una herramienta del poder. No para informar, sino para saturar. Se gobierna produciendo ruido constante: declaraciones, decretos, reformas, polémicas diarias. Todo al mismo tiempo. Todo el tiempo.

Si hay demasiados temas en circulación, nadie se fija. Y si nada logra nuestra atención completa, lo incómodo se diluye.

Esto no es improvisación. Es una estrategia documentada. Steve Bannon, exestratega de Donald Trump, lo explicó sin pudor: la forma de enfrentar a los medios no es discutirles, es inundar el espacio informativo hasta volverlo irreconocible. Que haya tanto ruido que la verdad y la mentira se confundan. Que nadie alcance a verificar nada. Que la gente se canse.

Desde una perspectiva más amplia, la historiadora Ruth Ben-Ghiat ha explicado que la propaganda moderna funciona como administración de la atención. Se repite, se dispersa y se sincroniza el mensaje alrededor del líder. No importa tanto el contenido, importa el ritmo. El resultado es una sociedad saturada, cansada y desorientada.

MÉXICO, EL RUIDO DIARIO

En México, esta lógica se volvió cotidiana desde 2018. Con López Obrador, las conferencias mañaneras marcaron la agenda diaria. Una declaración polémica bastaba para dominar titulares y conversación digital durante horas.

Mientras medios y redes discutían la frase del día, otros temas quedaban enterrados: militarización, desaparición de instituciones, recortes presupuestales.

Con Claudia Sheinbaum, el control del ritmo informativo sigue intacto. Un ejemplo es la tragedia del Tren Interoceánico, que dejó muertos y expuso fallas graves de infraestructura. Tras unos días, la conversación pública duró poco. Fue ahogada por una cascada de anuncios, cifras positivas y nuevos programas. El tema incómodo perdió aire rápidamente.

TRUMP Y LA SATURACIÓN TOTAL

Con Donald Trump, sobre todo en su segundo mandato, la estrategia alcanza niveles extremos: decretos, órdenes ejecutivas, declaraciones incendiarias, intervenciones militares y escándalos simultáneos. Mientras los medios intentan entender uno, ya hay cinco nuevos.

Así se explica por qué temas gravísimos quedan fuera del foco: demandas judiciales, estado policial, archivos Epstein. Todo puede ser tapado si el ruido es suficiente.
La prensa corre detrás. La oposición reacciona tarde. La sociedad se abruma. El ruido funciona como una cortina permanente.

Y es que la saturación no es neutra. Produce fatiga informativa. Cuando todo parece caótico, mucha gente deja de intentar entender. Aparece la apatía. La idea de que nada es verificable.
Sin hechos compartidos, la rendición de cuentas se debilita. La indignación se vuelve efímera. El escándalo de hoy tapa el de ayer. El poder gana tiempo.

¿QUÉ HACER?

No hay soluciones mágicas, pero hay decisiones.
Una es salir del generalismo. El ruido vive del consumo superficial. Seguir a especialistas, periodistas de investigación y organizaciones civiles enfocadas en temas concretos permite mantener el foco donde el poder quiere que no esté.

Otra es aprender a identificar la cortina de humo. Cada polémica exagerada merece una pregunta básica: ¿qué se intenta tapar?

También importa la memoria. No soltar los temas incómodos cuando dejan de ser tendencia. Insistir, volver, preguntar otra vez.

En ese contexto, informarse bien deja de ser un acto pasivo: se vuelve una forma de resistencia.

EL DATO INCÓMODO

Las universidades públicas enfrentarán 2026 con menos recursos, advirtió la ANUIES. El presupuesto creció 1.79% en estatales y 3% en federales, pero está por debajo de una inflación estimada de 3.5%. Resultado: recorte encubierto.

Desde 2018, el déficit acumulado supera los 50 mil millones de pesos, sin política salarial ni fondos suficientes para docencia, investigación o ampliar cobertura.