Elecciones en América Latina: ¿qué puede aprender la oposición?

La victoria de Laura Fernández refleja el giro hacia la derecha en América Latina impulsado por desgaste gubernamental, inseguridad y economía.



La victoria de Laura Fernández en las elecciones presidenciales de Costa Rica confirma una tendencia regional que no puede ignorarse. América Latina sigue girando hacia opciones de derecha, impulsada menos por ideología y más por el desgaste de los gobiernos en turno, la inseguridad y la frustración económica.

APERTURA ANTISISTEMA

Costa Rica es un país pequeño de Centroamérica, con poco más de cinco millones de habitantes. No tiene ejército desde 1948 y presume una democracia estable, instituciones sólidas y altos indicadores sociales.

Durante décadas fue gobernado por dos grandes partidos tradicionales, pero ese sistema colapsó en la última década. El hartazgo con la clase política abrió paso a figuras antisistema.

En 2022, Rodrigo Chaves ganó la Presidencia con un discurso duro contra la corrupción y las élites. Gobernó con un estilo confrontativo, pero mantuvo altos niveles de aprobación, sobre todo por la reducción del desempleo.

Aunque un problema marcó su administración: un aumento histórico de la violencia ligada al narcotráfico. Ese contexto explica buena parte del resultado electoral de este año.

Laura Fernández, exministra y jefa de gabinete de Chaves, compitió como su heredera política. Ganó con 48.5% de los votos en primera vuelta, evitando la segunda vuelta. Su rival más cercano, Álvaro Ramos, candidato del tradicional Partido Liberación Nacional, obtuvo 33.3%. El resto de los aspirantes quedó muy rezagado, lo que refleja el colapso de las opciones tradicionales.

Aunque Laura Fernández pertenece al mismo proyecto político que Rodrigo Chaves, su victoria confirma un giro en el discurso, más duro en seguridad y más confrontativo en el ejercicio del poder.
Prometió una megacárcel, endurecimiento de penas y reformas al Poder Judicial, al que acusa de permitir impunidad. También planteó atraer inversión, mantener estabilidad fiscal y acelerar obra pública. Su mensaje conectó con una ciudadanía que percibe inseguridad y desorden.

EFECTO REGIONAL

En el último año, la derecha ganó elecciones presidenciales en Ecuador, Bolivia, Chile, Honduras y ahora Costa Rica. En todos los casos hay un patrón común: gobiernos desgastados, crisis de seguridad o economía, y oposiciones que supieron capitalizar el enojo social.

La región muestra que ningún partido es invencible. La alternancia ha sido la norma en casi todos los países, con pocas excepciones. Si el gobierno deja de resolver los problemas cotidianos, el electorado busca opciones distintas, incluso radicales.

LECCIONES PARA MÉXICO

Aquí surge una lección para la oposición mexicana. Las últimas elecciones en América Latina muestran que se gana cuando se deja de hablar sólo de ideología y se enfocan en lo que más preocupa a la gente: seguridad, corrupción y economía. Suena obvio, pero lo olvidan.

Otra lección es el liderazgo. En Costa Rica, Fernández no representó al viejo sistema, sino a una continuidad del cambio, pero reconociendo puntos débiles y adoptando propuestas que conectan. En Argentina, Milei canalizó el enojo antisistema. En Chile, Kast capitalizó el miedo a la inseguridad. En todos los casos, se ofreció una narrativa clara, sencilla y también polémica.

En México, la oposición sigue fragmentada, con liderazgos sin credibilidad y un discurso poco conectado con la realidad cotidiana. Defender tecnicismos o sólo oponerse al gobierno no alcanza.
La experiencia latinoamericana muestra que la gente vota por quien promete resolver lo urgente, no por quien habla de abstracciones o se pone a recordar sobre el pasado.

EL DATO INCÓMODO

En Oaxaca, Salomón Jara tiene al menos 20 familiares en cargos públicos estatales y nacionales. Hay hermanos, hijos, sobrinos, yernos y nueras en los tres poderes y en Morena. Nepotismo al por mayor. Las denuncias existen, pero el gobernador las minimiza.