¿Es urgente la reforma electoral?

Sheinbaum pospone la reforma electoral por rechazo de aliados, mostrando que el impulso busca control político, no eficiencia ni representación.



Claudia Sheinbaum pospuso la presentación de la reforma electoral prevista para ayer. La razón oficial fue “pequeños ajustes”. La razón real lleva exhibiéndose semanas y es el rechazo del PT y el Partido Verde.

La Presidenta dice que, si siguen las diferencias, la presentará por su cuenta y dejará en manos del Congreso las modificaciones. Es decir, ella manda el golpe y otros pagarán el costo político de modificarlo.

JALONEO ENTRE ALIADOS

En esta misma columna del viernes pasado planteé tres escenarios. Por lo que ha dicho Sheinbaum, vamos directo al escenario 3: enviar la reforma en sus términos originales, duros para sus aliados, y permitir que en el camino se le muevan piezas para alcanzar mayoría calificada.

Eso le sirve para dos cosas. Mantener la narrativa de “yo sí quería transformar de raíz el sistema electoral, bajar costos y lograr una mejor representación popular”, y culpar al Congreso si el resultado final queda descafeinado.

Ya lo vimos con su reforma antinepotismo. Ella quería aplicarla desde 2027; Morena, PT y PVEM la patearon hasta 2030. Así presume “misión cumplida” y se cuida la coalición gobernante.

REFORMAS POR REACCIÓN

En la historia reciente, la mayoría de las reformas electorales nació por presión de la oposición. En cambio, aquí el impulso sale de Palacio Nacional, primero con AMLO y ahora con Sheinbaum.

AMLO empujó el plan A tras los tropiezos de 2021, como la pérdida de la mitad de las alcaldías en CDMX y la moratoria constitucional de la oposición. No pasó por falta de votos.

Luego vino el plan B con cambios a leyes secundarias. Se aprobó, pero la Suprema Corte lo invalidó. Como respuesta, AMLO anunció el plan C con reformas constitucionales, incluida otra reforma electoral. Tampoco pasó. Con la victoria que le dio control de la Presidencia y cámaras, el tema dejó de ser prioridad.

Sheinbaum la traía como compromiso de campaña, pero primero priorizó la no reelección y el antinepotismo. Pero volvió a respirar después de aquella sesión del Consejo General del INE donde cinco consejeros denunciaron irregularidades en la elección judicial, como acordeones que coincidieron con los ganadores.

En pocas palabras, la idea morenista de cambiar el sistema electoral nace como reacción, no por convicción democrática.

MAYORÍA DE UNO

Hasta los aliados lo han dicho en voz alta. Reginaldo Sandoval cuestionó para qué una reforma electoral si ya controlaban Presidencia, Congreso y Poder Judicial. Esa frase desnuda el verdadero motor. Si ya ganaste todo, lo que sigue no es repartir el poder, sino asegurar que nadie te lo arrebate.

De ahí la resistencia del PT y el Verde. Una reforma que empodere más a Morena significa para ellos menos legisladores, menos gubernaturas, menos alcaldías, menos regidurías. Y claro, menos dinero público. Si la intención fuera sólo eficiencia y ahorro, no habría pataleo. El conflicto existe porque el reparto está en riesgo.

URGENCIAS DE VERDAD

En mis redes sociales pregunté qué reforma urge más que la electoral. La gente respondió con salud universal, reforma fiscal, seguridad, paz y combate al narcotráfico, mejores fiscalías y ministerios públicos, educación de calidad. Propuestas que sí importan en la vida diaria.

Nos quieren vender la reforma electoral como urgencia nacional, pero es más un pleito entre mafias por el poder. No se habla de cómo facilitar el acceso o una mejor representación popular. Sólo discuten quién se queda con todo el botín, y quién se queda fuera.

EL DATO INCÓMODO

Nuestro país apenas creció 0.8% en 2025. Según México, ¿Cómo Vamos? es el nivel más bajo desde 2020 y el PIB por persona sigue estancado, en niveles de 2017. Con ese ritmo, el país apenas se mantiene en el lugar 13 del mundo.