La disputa política se llevó a la pista de hielo. El calendario –caprichoso– puso frente a frente a Estados Unidos y Dinamarca en la segunda jornada del hockey sobre hielo varonil de Milán-Cortina 2026, en el Día del Amor y la Amistad. El precedente deportivo más inmediato entre ambos se remontaba al Campeonato Mundial IIHF 2025, en Estocolmo, Suecia –EU ganó 5-0–, pero el antecedente político lo instaló Donald Trump desde que asumió el poder: hacerse “a las buenas o a las malas” de Groenlandia, isla que pertenece al Reino de Dinamarca.
El duelo llegó en un año en el que el territorio autónomo de apenas 56 mil habitantes saltó al escenario internacional por su posición geográfica y su importancia geopolítica. El tema no pasó por alto en los atletas daneses, que, antes de jugar ante Estados Unidos, favorito a llevarse una medalla, discutieron el tema en la Villa Olímpica, informó Lars Eller, estrella danesa, ganador de la Copa Stanley con los Washington Capitals y hoy jugador de los Ottawa Senators.
El sábado pasado ambos países se midieron en el plano deportivo en la Milano Santagiulia Ice Hockey Arena. Pese los llamados del exjugador danés Frans Nielsen, con 925 partidos en la NHL, quien dijo que el hielo “no es tribuna política”, aunque reconoció que en su infancia nadie cuestionaba que Groenlandia formara parte del mapa danés, el duelo tuvo tensión. En las tribunas, daneses lucían sombreros con la bandera de Groenlandia. En la pista, Dinamarca, débil en el papel, se fue arriba antes de los dos minutos. Estados Unidos emprendió una ofensiva agresiva e igualó poco después, pero los nórdicos volvieron a ponerse arriba con un gol casi desde la mitad de la pista, con un desvío en el camino, y el partido se mantuvo a favor de los daneses al cierre del primer periodo.
Justo antes de ir al descanso, choques, discusiones y un golpe al rostro del danés Oliver Lauridsen por parte del estadounidense Brady Tkachuk. A los vestidores con el partido a favor de los daneses. Con algo de tensión, el DJ de la arena hace sonar Imagine, de John Lennon (“Imagina que no hay países. No es difícil. Nada por qué matar o morir”). Los ánimos bajan y regresan a jugar. Los nórdicos logran mantener la ventaja casi 20 minutos ante la potencia, que despierta y le da la vuelta al partido. Estados Unidos al final se impone 6-3. Un resultado que, a priori, no estaba a discusión, pero en el que el orgullo y el nuevo orden que se configura a nivel mundial le dieron una dimensión diferente.
Este episodio de Milán-Cortina 2026 recuerda a uno que se vivió en plena Guerra Fría. En 1980, la Unión Soviética llegó a los Juegos Olímpicos de Invierno de Lake Placid (Nueva York) como el gran favorito a llevarse el oro, sobre todo porque había ganado las cuatro ediciones previas (Innsbruck 1964, Grenoble 1968, Sapporo 1972 e Innsbruck 1976), juegos en los que había sumado 27 victorias, una sola derrota y un empate, con 175 goles a favor y apenas 44 en contra. El duelo previo a la final no sólo fue deportivo, sino ideológico. Estados Unidos logró lo impensado: con un equipo lleno de universitarios, ganó 4-3, luego de venir de atrás y marcar dos goles en el tercer periodo para darle la vuelta. A esa hazaña la historia la nombró el Milagro sobre hielo. Al Michaels, comentarista deportivo de la ABC, inmortalizó el momento. “¡Once segundos, quedan diez segundos, la cuenta atrás, va a terminar ya! Morrow pasa para Silk. ¡Quedan cinco segundos! ¿Creen en los milagros?… ¡SÍ! ¡Increíble! ¡No hay palabras para describirlo, perdónenme!”, gritó al cierre del partido que la Federación Internacional de Hockey sobre Hielo consideró como el mejor del siglo 20 en este deporte.



