Unas horas antes de ser nombrada como directora general de Materiales Educativos de la SEP, Nadia López García y su esposo, el juez Édgar Adrián Meza Mendoza, quien desató polémica por solicitar un chofer que no supiera manejar para su juzgado, además de asistir a un mitin de la presidenta Sheinbaum vestido de guinda y autonombrándose “juez del bienestar”, acudieron a la embajada de Cuba en la Ciudad de México para participar en un acto de solidaridad con la isla y entregar donaciones que serán enviadas como ayuda humanitaria.
La Iglesia en manos de Lutero
La ministra María Estela Ríos, consejera jurídica de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador, y quien abiertamente se ha opuesto a ponerle diques a la prisión preventiva oficiosa, podría ser quien elabore el proyecto de sentencia para darle cumplimiento a la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que determinó que esta figura vulnera la presunción de inocencia y el debido proceso. Por unanimidad, los ministros determinaron que no se actualizaron las causales previstas en la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación para impedirle participar en el caso.
Todo está en orden
La presidenta Claudia Sheinbaum niega fracturas y, por supuesto, debemos asumir que los intercambios entre Julio Scherer Ibarra y Jesús Ramírez Cuevas, o los roces entre Layda Sansores y Ricardo Monreal, son simples ejercicios de cardio democrático. Y lo de Marx Arriaga y Mario Delgado, o los desafíos de Saúl Monreal y Ruth González a los lineamientos antinepotismo, tampoco sugieren fisuras; son fuegos artificiales de cohesión estratégica. En esta versión extendida de la armonía, cuestionar a la Presidencia en público es una muestra avanzada de lealtad cuántica: se contradicen para coincidir en espíritu. Así que no hay desunión; hay una coreografía compleja que un ojo inexperto confunde con desorden.
Sin Yolanda, Mari Carmen
La Presidenta tomó el látigo de su desprecio para marcar distancia del libro Ni venganza ni perdón, escrito por Julio Scherer Ibarra. Dijo, básicamente, que en México hay libertad de expresión y que cada quien puede publicar lo que quiera, en libros, en periódicos o en ese glorioso campo de batalla llamado redes sociales. Con eso, la mandataria colocó el asunto en el terreno del debate permanente y dio por cerrado el capítulo, como quien deja un libro boca abajo sobre la mesa: no lo quema, pero tampoco lo aplaude. Democracia versión mexicana: discusión intensa, café cargado y nadie admite que le dolió tantito.
Mucho ruido, poca reforma
Ignacio Mier, presidente de la Jucopo en el Senado, abrió la puerta, pero no entró: ofreció hablar de la reforma electoral y de inmediato dejó que otros cargaran con la explicación. La senadora del Verde, Karen Castrejón, eligió la prudencia quirúrgica: sí hay reuniones, sí hay diálogo, sí hay buena voluntad… pero contenido, ninguno. Ni una pista, ni un adelanto. En cambio, Geovanna Bañuelos, del PT, se mostró mucho más entusiasta: habló de mesas permanentes, avances constantes y un documento que, ahora sí, prometen, está por presentarse. Así, mientras el Verde cuida cada palabra, el PT cuida la expectativa. La reforma, por ahora, sigue siendo una promesa.



