Julio Scherer Ibarra narra una ofensiva jurídica y mediática impulsada por Alejandro Gertz

En el adelanto del libro “Ni venganza ni perdón” se reconstruye desde dentro una relación política que atraviesa la oposición, el ejercicio del gobierno y el distanciamiento.



“Ni venganza ni perdón”, libro de Julio Scherer Ibarra en coautoría con el periodista Jorge Fernández Menéndez, afirma que, tras la renuncia de Scherer en septiembre de 2021, se despliega una ofensiva jurídica y mediática impulsada desde la Fiscalía General de la República (FGR).

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Según el adelanto del texto publicado por el periódico Reforma bajo la autorización de Editorial Planeta, ninguna de las acusaciones prosperó ante jueces, aunque el daño público ya se encontraba instalado.

El texto estableció como punto de quiebre la renuncia de Scherer al cargo de consejero jurídico en septiembre de 2021. Antes de esa salida, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador le advirtió que, una vez fuera del gobierno, enfrentarían ataques. El libro plantea que esa advertencia se cumplió mediante una ofensiva jurídica y mediática que no buscó sentencias firmes, sino instalar sospecha y desgaste.

Uno de los ejes centrales del adelanto fue el papel de la Fiscalía General de la República (FGR), encabezada por Alejandro Gertz Manero, descrita como un actor que utilizó el aparato penal como herramienta de presión política. El relato sostiene que se judicializaron expedientes sin sustento suficiente y que, pese a los reveses en tribunales, la narrativa de culpabilidad se mantuvo activa en el espacio público.

El libro narra una confrontación directa con el fiscal, en la que Scherer rechazó haber operado campañas mediáticas en su contra. La acusación se debilitó ante la intervención de la dirección de Proceso, pero dejó una frase que marcó la ruptura definitiva: la elección entre un fiscal aliado o un fiscal adverso. A partir de ese momento, el adelanto describe una secuencia de señalamientos que no lo incluyeron formalmente como imputado, pero lo colocaron como figura central del escándalo.

El texto subraya que jueces federales rechazaron los cargos y advirtieron irregularidades procesales, incluso posibles violaciones a derechos humanos por la forma en que se le involucró sin ser parte de una carpeta judicial. Ninguna resolución revirtió el impacto mediático. El daño reputacional se consolidó sin necesidad de condena. “Los ataques llegaron disfrazados de justicia”, sintetizó el autor.

El caso de Juan Collado apareció como ejemplo del método. El relato describe gestiones conocidas por el presidente, negativas explícitas a salidas improcedentes y la canalización institucional del asunto. Tras la salida de Scherer, esas relaciones profesionales, declaradas en documentos oficiales, se transformaron en indicios utilizados para sostener una narrativa de corrupción que no prosperó judicialmente.

El libro también aborda la actuación de sectores internos del movimiento que, según el relato, no toleraron la cercanía autónoma entre Scherer y López Obrador. La renuncia abrió un espacio para desplazarlo y enviar una señal disciplinaria al resto del aparato gubernamental: la lealtad sin alineamiento pleno se volvió sospechosa.

Un capítulo con carga simbólica se centra en Proceso y en el vínculo histórico entre López Obrador y Julio Scherer García. El adelanto plantea que la disputa no se limitó a expedientes judiciales, sino que alcanzó la memoria y el control del relato público, donde la crítica periodística resultó un factor de incomodidad.

El relato incorpora episodios sensibles del sexenioGuardia Nacional, Suprema Corte, pandemia, el atentado contra Omar García Harfuch, el caso Salvador Cienfuegos— como telón de fondo de una disputa por el control político del aparato de justicia.