La paradoja del éxito en la NFL: solo la mitad de los 10 quarterbacks mejor pagados avanzaron a Playoffs

El dilema del quarterback moderno:
Más salario, menos margen



Dak Prescott se convirtió en el jugador mejor pagado de todos los tiempos en la NFL luego de firmar un nuevo contrato por cuatro años y 240 millones de dólares con Dallas Cowboys en septiembre. Pero bien dicen que el dinero no compra la felicidad, y tras una desastrosa temporada, la Estrella Solitaria ni siquiera pudo avanzar a Playoffs, pese a contar con el quarterback mejor pagado de la liga. Y no ha sido el único, pues solo la mitad del Top 10 de quarterbacks mejor pagados, calificó a la postemporada.

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Con los Playoffs de la NFL definidos, brilla por su ausencia una particularidad estadística, pues solo cinco de los 10 mariscales de campo mejor pagados, en valor anual promedio, lograron clasificar a la postemporada. Este dato ha reavivado un debate clave en la era del tope salarial, al ser inevitable cuestionar si las franquicias que destinan una parte desproporcionada de su presupuesto al quarterback pueden construir un roster verdaderamente competitivo.

Solamente Josh Allen, Trevor Lawrence, Jordan Love, Brock Purdy y Justin Herbert estarán en la disputa por el Super Bowl entre los pasadores que supuestamente valen sus contratos millonarios. Fuera se quedaron el propio Dak Prescott, así como Joe Burrow, Tua Tagovailoa, Jared Goff y Lamar Jackson, de acuerdo con datos del sitio especializado Spotrac, actualizados al cierre de la temporada regular de la NFL.

La paradoja del quarterback en la NFL moderna es evidente. Es la posición más determinante del futbol americano, y la historia demuestra que contar con un pasador de élite es el camino más fértil hacia la gloria. Patrick Mahomes, Tom Brady, Peyton Manning y Joe Montana son prueba irrefutable.

Sin embargo, también existen Super Bowls ganados por quarterbacks de perfil bajo, desde Trent Dilfer hasta Nick Foles. El verdadero desafío para las franquicias es hallar el equilibrio entre inversión salarial y profundidad del roster. En este contexto, el contrato de novato, limitado por el convenio colectivo, se convierte en una ventana de oportunidad dorada.

Cinco de los 12 quarterbacks en Playoffs se encuentran bajo este régimen salarial, lo que ha permitido a sus equipos invertir en otras posiciones clave. Esta fórmula rindió frutos con los Seattle Seahawks de Russell Wilson en 2014 y los Kansas City Chiefs de Mahomes en 2019, ambos campeones del Super Bowl.

En la actualidad, equipos como Denver Broncos y New England Patriots se benefician de contar con jóvenes talentos como Bo Nix y Drake Maye, cuyos salarios son mínimos en relación con su impacto, permitiendo la construcción de planteles competitivos rumbo al Vince Lombardi. No obstante, esta ventaja es temporal.

Las últimas 15 ediciones del Super Bowl revelan que 13 campeones fueron liderados por quarterbacks fuera de su contrato de novato. Cuando un pasador demuestra ser de élite, la extensión millonaria es inevitable, y el verdadero reto de gestión deportiva comienza.

En el caso de Joe Burrow, las lesiones y los problemas estructurales de los Cincinnati Bengals fueron determinantes, sumados a contratos elevados como los de Ja’Marr Chase y Tee Higgins.

Para Dak Prescott, la campaña individual fue sólida; las limitaciones de Dallas Cowboys parecen responder más a decisiones históricas de gestión y falencias defensivas que a su salario de 60 millones de dólares anuales.

Por su parte, Baltimore Ravens y Detroit Lions construyeron rosters equilibrados alrededor de Lamar Jackson y Jared Goff, aunque las lesiones clave explican su ausencia en Playoffs. El caso más cuestionable es el de Tua Tagovailoa con Miami Dolphins, cuyo rendimiento no justificó la inversión y terminó siendo reemplazado.

En definitiva, acertar con un quarterback en el Draft y maximizar su contrato accesible representa una ventaja competitiva clara, pero pagar a un mariscal probado es una necesidad inevitable. El éxito en la NFL moderna depende de una compleja alquimia entre talento, manejo salarial, salud del roster y un factor de suerte.