La xenofobia ya es un problema en México: Migrantes

Patricia Ramírez y Aracely Martínez / Ovaciones Fotos: Aracely MartínezLa paciencia se le termina a los mexicanos. Un país solidario que sabe lo que es ser migrante, si no en carne propia, sí en la de alguien de su familia que partió al norte por una vida mejor. Pero un año es mucho. El tiempo que lleva tomada la Plaza Giordano Bruno y que ya pesa entre los vecinos y comerciantes de la zona."Al principio nos daban trabajo, ahora, ya no nos quieren pagar la jornada completa y hasta para poner a cargar el celular nos cobran o quieren que pague el doble por el pasaje, fácil en un día, un mexicano se puede llevar hasta mil pesos de solo cobrarnos por algún favor", explica Esteban, migrante proveniente de Haití. Expresa que, también le tocó ver que un día sin más explicación a un grupo de personas golpear a un señor de 60 años de edad que aquí en la Plaza acampa también, aunque intervinieron las autoridades. " Para nosotros eso no es vida y es discriminación ".Lo que dice puede doler en el orgullo a los que ahora somos sus anfitriones en nuestro país: lo trataban mejor en Chile, nación donde hasta pudo aprender el idioma español y después seguir su peregrinar hacia Estados Unidos, con pausa en México ."Hemos tenido que reinventar la forma de hacernos de nuestras cosas, vendiendo lo poco que tenemos y de esa forma pagar hasta para bañarnos, un día recuerdo que fui a preguntar cuánto cobraban por el agua y me gritaron ¡lárgate de aquí!", relata Esteban. José Agustín , venezolano que lleva poco más de un mes asentado en la colonia Juárez, relata que le ha sido difícil encontrar trabajo, nadie lo quiere contratar porque le piden los papeles, y eso ha hecho que ahora lo miren feo porque vive en situación de calle, aunque, a veces tiene suerte dice "y si le pagan una jornada de trabajo". Comenta que a pesar de estar en una situación difícil, trata de darse valor, pues tiene esposa y tres hijos a quienes todos los días les dice: "tenemos que ser positivos, vamos a salir adelante, ya nos falta menos", en su mente no está el darse por vencido, pues desde el 2017 que salió de su país, siempre se ha fijado una meta y es la de llegar a Estados Unidos."Los mexicanos deben tener claro que un día podrían pasar por lo mismo y requerir ayuda de otras personas, y aunque a mí me han llegado a decir uno que otro insulto en la calle, yo solo me doy la vuelta y pienso en los que sí nos han ayudado", destaca.La situación se ha vuelto un problema. Si hace unos meses las historias eran de solidaridad y ayuda desinteresada, ahora han cambiado al recuento de las incomodidades y perjuicios que tienen sobre los que ahí viven o cuentan con un negocio en la zona.Para Gonzalo, quien tiene un puesto de quesadillas cerca de la Plaza, los migrantes que ahí se encuentran han alejado a los clientes de su local, "la gente ya no quiere pasar por este lado de la calle y menos consumir los alimentos que vendo, porque les da desconfianza que alguno de ellos se muestre agresivo".También Jorge, gerente de un restaurante de la zona, destaca que en el invierno no hubo problemas con los migrantes y la convivencia era buena, porque sus actividades las concluían temprano, "ahora con el calor, es obvio que tienen que salir y estar fuera más tiempo. Hay cosas que nos rebasan, estamos agotados emocional y físicamente, que no haya una autoridad que quiera hacer algo al respecto".


