Apenas cruzó la línea de meta, un río de lágrimas corrió por el rostro de Regina Martínez. La mexicana finalizó en último lugar, pero lo ha hecho estoica, con la certeza de haber hecho historia con un logro que nadie antes había conquistado en esa exigente prueba. La doctora de profesión completó los 10 kilómetros de esquí de fondo en estilo libre dentro de los Juegos Olímpicos de Milano Cortina 2026 y se convirtió, oficialmente, en la primera mujer mexicana en competir en esta disciplina dentro de una cita invernal.
LEE ADEMÁS: Chivas vs América: horario, canales y dónde ver el Clásico Nacional del Clausura 2026
Detrás de sus esquís no quedaron solo las huellas sobre la nieve, sino una estela de años de sacrificio, soledad y determinación. Su historia comenzó lejos de cualquier montaña. Originaria de la Ciudad de México, Martínez Lorenzo descubrió el esquí nórdico cuando residía en Minneapolis, Minnesota, en un contexto marcado por el frío, la distancia y lo que ella misma ha descrito como depresión estacional.
Fue ahí, en medio de la adversidad climática y emocional, donde encontró en el esquí de fondo una tabla de salvación. “El esquí de fondo me salvó y me devolvió un sueño”, confesaría después. Todo estaba en contra cuando decidió emprender el camino. Aprendió a deslizarse sobre la nieve cuando casi cumplía los 28 años, en una disciplina que exige resistencia aeróbica, técnica depurada y años de adaptación.
Apenas había visto nieve antes. Para colmo, estudiaba medicina, una carrera incompatible con los entrenamientos de alto rendimiento. Pero ella no se detuvo. Trasladó su residencia a Miami, una ciudad donde la nieve es una postal lejana. Allí combinaba jornadas extenuantes en el hospital con sesiones de entrenamiento a la medianoche o en la madrugada, los únicos espacios que el horario le dejaba.
Para costear sus viajes a pistas de esquí en otros estados, paseaba perros y ahorraba hasta el último centavo. Cada viaje era una inversión, cada kilómetro esquiado una declaración de principios. El impulso inicial había llegado años atrás, cuando conoció la historia de Germán Madrazo, el primer mexicano en participar en esquí de fondo en PyeongChang 2018. Inspirada por su ejemplo, lo contactó para preguntarle cómo empezar. Esa conversación sembró la semilla que este jueves floreció en el centro de esquí de fondo de Cortina d’Ampezzo.
“Increíble, esta es una experiencia inolvidable, un sueño hecho realidad y pues me llena de felicidad y orgullo poder compartir este momento con ustedes y con México”, dijo visiblemente conmovida al término de su competencia, sobre lo que significaba para ella haber llegado hasta ahí.
No estaba sola. Durante el recorrido escuchó los gritos de una porra de mexicanos que la acompañó en cada subida y en cada descenso. Su presencia le devolvió la certeza de que su esfuerzo tenía eco.
“Espero que pueda servir como ejemplo para todos los que están viendo. Que siempre luchen por sus sueños, que crean en sí mismos, que nada es imposible y pues sí, que esto sirva como ejemplo. Es increíble, increíble. La verdad nunca había tocado, yo creo que tantos mexicanos en una prueba de esquí nórdico. Estuvo increíble poder escucharlos en cada momento, en cada subida, en cada bajada”, continuó.
Al cruzar la meta, Regina fue recibida por la brasileña Bruna Moura, con quien se fundió en un abrazo. Las tres medallistas de la prueba —Frida Karlsson y Ebba Andersson, ambas de Suecia, y la estadounidense Jessie Diggins— también se acercaron a felicitarla. La imagen, ya convertida en tradición dentro del esquí de fondo olímpico, capturó el espíritu de una disciplina donde el rival no es el otro, sino la montaña. Pero más allá del podio, el lugar de Martínez en la historia no se mide en posiciones, sino en lo que la impulsó hasta ahí.
“Eso va a ser la primera, pero no la última. Es un honor poder poner esas huellitas para el futuro de México en deportes de invierno y también ser ejemplo fuera de la pista. Este es el principio de un gran camino para mí y para México”, sentenció.




