En materia de seguridad, y más aún de seguridad nacional, estamos impuestos a realizar análisis y evaluación de riesgos basados en los 7 campos del poder nacional. El mismo está representado por la suma de las capacidades integrales con las que cuenta un Estado nacional. Es decir, lo público, privado y social, aglutinado, coordinado e impuesto para contribuir al desarrollo del país.
Este poder está dividido por sectores: social, económico, político, diplomático, militar, tecnológico y medioambiental; cada uno de ellos, por su parte, pero todos en conjunto, posicionan a México en sus fortalezas y debilidades internas, pero también en las oportunidades y amenazas que día a día se materializan en el exterior.
En la medida que México consolide un Estado de derecho, las oportunidades saltarán a la vista en el escenario internacional, robusteciendo estos siete campos del poder nacional. Sin embargo, a poco más de un año de iniciado el presente gobierno, lo aquí escrito parece sumar más debilidades que fortalezas, traducidas en amenazas reales por encima de oportunidades que ya deberían materializarse.
Analicemos, por obviedad del espacio, acaso cuatro de los siete con las crisis que han generado y el riesgo que esto trae de forma inminente a la seguridad interior y, en los próximos años, a la seguridad nacional.
En el campo del poder económico, a todas luces sobresalen los sobrecostos y la baja rentabilidad de algunas obras, entre ellas las llamadas “emblemáticas” del gobierno anterior; el Tren Maya, la Refinería Olmeca Dos Bocas, el Tren Interurbano México-Toluca y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Adicional a lo anterior, y con impacto en el mismo campo, tenemos la presión financiera sobre Pemex, la creciente inseguridad en carreteras que afecta la cadena de suministros, así como la extorsión generalizada que impacta en forma directa en la economía local.
En relación con el campo del poder político, no cesan los escándalos de corrupción e impunidad por parte de la clase gobernante, lo que ha llevado a una alta polarización política con rupturas internas de no poco valor. La constante es la negación y protección de funcionarios y políticos ligados con actos graves de corrupción y vinculación con delincuencia organizada.
En el campo del poder social, se registran más de 130 mil desaparecidos producto de una violencia persistente, traducida en 50 mil homicidios dolosos, en un ambiente de alta incertidumbre por la expansión del cobro de derecho de piso. La migración y la alta vulnerabilidad de los mexicanos en el exterior suma a la inseguridad y precariedad económica, mientras miles de connacionales deportados arribarán a un país “que los expulsó primero”. Por último, el impacto social por los recurrentes desastres naturales, la crisis de distribución de medicamentos y la división social provocada por el anterior y presente gobierno eleva a un alto riesgo este campo del poder nacional.
No puede faltar en el análisis el campo del poder diplomático, representado por la política de seguridad norteamericana y su nunca satisfecha respuesta mexicana: la crisis migratoria, el tráfico y consumo de fentanilo, junto con la presión internacional para la persecución y eliminación de narcoterroristas, rechazada por México, nos ha costado la expulsión o la no inclusión en la alianza regional Escudo de las Américas, que traerá, para los firmantes, más privilegios que obligaciones por parte de EU.
Cuando los campos del poder están en crisis y desgaste continuo, es inminente una crisis de seguridad nacional. Espero equivocarme.




