Maratón CDMX 2025: Etiopía acapara con triunfos de Tadu Abate Deme y Bekelech Gudeta Borecha

Con el número 4 en el pecho, Tadu Abate Deme fue el primero en cruzar la meta con un tiempo de 2:11:17.640.



De pronto, El son de la negra comenzó a sonar a todo volumen en el Zócalo de la Plaza de la Constitución. Una de las melodías que más identidad dan al país, recibió a los etíopes Bekelech Gudeta Borecha y a Tadu Abate Deme como ganadores en la rama femenil y varonil —respectivamente— del Maratón de la Ciudad de México 2025. Ambos emularon el poder de los painanis para ser los más veloces en la edición XLII, misma que ha servido para conmemorar el Aniversario 700 de la fundación de la Gran Tenochtitlan.

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Con el número 4 en el pecho, Tadu Abate Deme fue el primero en cruzar la meta con un tiempo de 2:11:17.640. Con su victoria, se convirtió en el primer ganador varonil de esta competencia de origen etíope desde Daniel Aschenik hace 10 años. Pero a pesar de su proeza, quedó muy lejos del récord establecido por el boliviano Héctor Garibay, quien lo impuso con un tiempo de 2:08:23 logrado en 2023.

Benard Kipkorir Na de Kenia finalizó muy cerca, en segundo lugar con un crono de 2:11:28.863, mientras que quien llegaba como vigente campeón, el también keniano Edwin Kiprop Kiptoo, fue tercero con 2:13:07.998.

Por su parte, Bekelech Gudeta Borecha estableció el mejor tiempo femenino para adjudicarse el triunfo luego de 2:28:36.906 de recorrido. Le siguió Lizaida Thalia Valdivia Magariño de Perú con crono de 2:32:28.994 y Ruth Danies Albert Jebet de Baréin con 2:32:47.964. El tiempo de la ganadora etíope, tampoco alcanzó para romper el récord que seguirá en poder de la keniana Celestina Chepchirchir, quien en 2023 logró un tiempo de 2:27:17 para establecer la marca.

El doblete de los corredores de Etiopía fue atestiguado por algunas de las escasas palmeras que han sobrevivido en las calles de la ciudad a pudrición rosa y otras afectaciones tanto fúngicas como bacterianas que han arrasado con la mayoría. Se dice que el entonces presidente Miguel Alemán fue quien ordenó la plantación de estas plantas en distintas zonas de la CDMX a principios de los años 50.

Pero muchas otras fueron traídas poco después por el emperador etíope Haile Selassie I en 1954, como un regalo y símbolo de la ayuda mexicana durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora, 71 años después de la visita del polémico líder, que es considerado dios de los rastafaris e inspiró el libro El Emperador (1978) de Ryszard Kapuściński, han sido Abate Deme y Gudeta Borecha quienes han evocado ese estrecho vínculo entre México y Etiopía.

Ha sido también el segundo doblete de Etiopía en la historia del Maratón CDMX y ocurrió precisamente una década después de que Aschenik triunfara en varonil junto con Shewarge Amare Alene en femenil. Y todo comenzó bajo el ardor del pebetero del Estadio Olímpico Universitario. El banderazo de salida provocó ese estallido de adrenalina que se desborda desde ese epicentro y recorre cada una de las pintorescas calles chilangas.

Moses Kibet tomó la delantera y junto con Borecha, pasados los primeros 14 kilómetros a la altura del Ángel de la Independencia, se despegaron y dejaron atrás al contingente. Parecía una victoria inminente, pero en la subida a Chapultepec, esa que ofrece uno de los picos más altos de altimetría, provocó que el de Uganda se rezagara y se desdibujara el terreno ganado.

Borecha atacó aún con más fuerza justo a la mitad del recorrido femenil y entonces, la etíope de 27 años comenzó a perfilarse ya de manera inminente como la vencedora. En tanto, en la rama varonil, no fue sino hasta el ingreso a la Avenida Juárez donde Abate Deme finalmente atacó con fuerza para dejar atrás a Benard Kipkorir, quien por más que intentó, no logró jamás volver a emparejársele y se resignó al segundo puesto.

Una mañana gloriosa para la representación etíope en el Aniversario 700 de la fundación de la Gran Tenochtitlan, donde escribieron con letras de oro sus nombres para dejar una huella tan profunda como el recuerdo casi marchito de aquellas frondosas palmeras que alguna vez coloreaban las calles de esta ciudad.