México ausente: la cumbre hemisférica que evidenció el vacío diplomático

México quedó ausente en la Cumbre Hemisférica sobre seguridad, reflejando un vacío diplomático crítico frente a Estados Unidos y los cárteles.



Hay ausencias que dicen más que cualquier discurso. Y la de México en la Cumbre Hemisférica Escudo de las Américas, convocada en Miami por el gobierno de Estados Unidos para discutir la seguridad regional frente al crimen organizado, es una de ellas. No es una ausencia menor ni protocolaria: es una ausencia que desnuda, con brutal claridad, el estado actual de la política exterior mexicana.

Porque mientras 12 países del hemisferio acudieron a discutir el fenómeno que hoy amenaza la estabilidad del continente —el avance de los cárteles y las redes criminalesMéxico, señalado una y otra vez como el epicentro de ese problema, simplemente no estuvo en la mesa.
La paradoja es difícil de explicar.

El país señalado… que no estuvo presente

Durante su intervención, Donald Trump fue directo. Como acostumbra. Afirmó que gran parte de la violencia vinculada al narcotráfico tiene su origen en México y sostuvo que los cárteles mexicanos son responsables de impulsar buena parte del “derramamiento de sangre y caos en el hemisferio”.

El diagnóstico puede gustar o no. Puede ser simplista o exagerado. Pero lo cierto es que se trata de una narrativa que hoy domina buena parte del debate político en Washington.
Y frente a ese señalamiento frontal, México no estuvo para responder, matizar o defender su posición.

Más aún: Trump reveló que ha pedido a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que permita a Estados Unidos intervenir para erradicar a los cárteles. Según el propio mandatario estadounidense, la respuesta fue clara: “No, no, no, por favor, presidente”.

En medio de ese intercambio, Trump incluso se permitió un comentario que llamó la atención de los asistentes: describió a Sheinbaum como una “muy buena persona” y dijo que tiene “una voz hermosa”.
Una mezcla extraña de halago personal y presión política. Otra vez.

Pero más allá de la anécdota, lo verdaderamente relevante es que México no estaba ahí para fijar postura.

La diplomacia que no apareció

La pregunta es inevitable. ¿Dónde estaba México? Más concretamente: ¿dónde estaba la Cancillería mexicana? Porque una reunión hemisférica convocada por Estados Unidos para discutir el fenómeno de los cárteles —tema que involucra directamente a México— no es un evento menor en la agenda internacional. Es, por definición, un espacio donde la diplomacia debe operar con toda su capacidad política.

Sin embargo, nada de eso ocurrió.
Ni presencia mexicana. Ni interlocución. Ni estrategia visible.
Entonces surge otra pregunta aún más incómoda: ¿qué hace el secretario de Relaciones Exteriores?
¿Se habrá enterado Juan Ramón de la Fuente de que se celebraba una cumbre hemisférica? ¿Y si se enteró, por qué no cabildeó la presencia de México? ¿Intentó siquiera convencer a la Presidenta de la importancia estratégica de asistir?
Porque en política exterior las ausencias también se negocian. Y cuando no se negocian, simplemente se convierten en derrotas diplomáticas.

La lección de Marco Rubio

Quien sí entendió la dimensión política del encuentro fue el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.

Rubio pidió la palabra y comenzó su intervención en español, bromeando que no necesitaría intérprete porque él mismo podría hacerlo. El gesto fue político, calculado y eficaz.
Pero lo que vino después fue aún más significativo.

Al agradecer la presencia de los 12 países asistentes, Rubio dijo que los gobiernos que estaban ahí “no solamente son aliados, son amigos que siempre responden cuando hay una necesidad y trabajan en conjunto con nosotros”.

Y remató con una frase que resonó con claridad en la sala: “Son países con mucho potencial y queremos ser sus socios en desarrollar sus economías y su seguridad”.

El mensaje era evidente. Estados Unidos está dispuesto a construir alianzas regionales en materia de seguridad.

Y México, el país que comparte más de 3 mil kilómetros de frontera con Estados Unidos y que además es su principal socio comercial, no estaba en la conversación.

El costo del vacío

La política exterior no se improvisa. Tampoco se ejerce desde la comodidad del silencio diplomático.
Requiere estrategia, presencia, interlocución constante y, sobre todo, capacidad política para defender los intereses del país en los momentos críticos. Nada de eso se vio en esta cumbre.

La ausencia de México no sólo fue lamentable. Fue también un error diplomático y estratégico de enormes proporciones.

Porque mientras otros países fortalecen su relación con Washington en temas de seguridad, México optó por el aislamiento. Y ese vacío no tarda en llenarse.

Cuando la Cancillería deja de existir

Durante décadas, la diplomacia mexicana fue una de las más profesionales y respetadas del hemisferio.
Hoy, sin embargo, parece haberse reducido a una oficina administrativa.

La Cancillería, bajo la conducción de Juan Ramón de la Fuente, simplemente no aparece en los grandes momentos de la política internacional.

Ni lidera. Ni influye. Ni opera políticamente.
Y cuando llega una cumbre hemisférica sobre el problema que más afecta a México —el poder de los cárteles— el país simplemente no está. La conclusión es inevitable.

México no sólo estuvo ausente en esa mesa. También estuvo ausente su política exterior.
Y cuando un país desaparece de las mesas donde se toman decisiones estratégicas, lo que desaparece con él es algo aún más grave: su capacidad de influir en su propio destino.