Ni venganza ni perdón… pero sí muchas preguntas

El libro Ni venganza ni perdón expone tensiones internas y decisiones polémicas del obradorismo, generando debate político y mediático.



Hay libros que incomodan porque dicen demasiado y otros porque confirman lo que muchos sospechaban. Ni venganza ni perdón. Una amistad al filo del poder, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, pertenece a ambas categorías. No es sólo una memoria política ni un ajuste de cuentas tardío: es una radiografía áspera del poder presidencial durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, narrada desde dentro por alguien que no fue testigo pasivo, sino actor central.

Scherer Ibarra no fue un observador externo. Fue consejero jurídico de la Presidencia, integrante del círculo más cerrado del obradorismo en su etapa inicial y partícipe de decisiones estratégicas que hoy siguen teniendo consecuencias políticas, legales y financieras. Por eso el libro no puede entenderse como un mero ejercicio de resentimiento personal.

El poder visto desde la cocina

Uno de los mayores méritos del libro es que abre la puerta de la cocina de Palacio Nacional. No se limita a describir el discurso público del lopezobradorismo, sino que expone sus tensiones internas, sus luchas de influencia y la manera en que se tomaban decisiones clave lejos del micrófono presidencial.

En ese entramado aparece Jesús Ramírez Cuevas, el poderoso vocero de Palacio Nacional durante el sexenio pasado y hoy cercano colaborador de la presidenta Claudia Sheinbaum. El libro lo señala como responsable de decisiones que habrían provocado un daño multimillonario al erario, pero también lo involucra en el huachicol del que se habrían beneficiado aspirantes morenistas a cargos de elección popular.

La defensa por adjetivos

La respuesta de Ramírez Cuevas no tardó en llegar. En una carta pública difundida en sus redes sociales, desacreditó los señalamientos calificándolos como expresiones de odio y resentimiento hacia la cuarta transformación. El problema es que su defensa adolece de lo mismo que denuncia: abundancia de adjetivos y ausencia de pruebas. No hay documentos, no hay datos duros, no hay refutación puntual de los hechos narrados. Sólo una descalificación política que, lejos de cerrar el debate, lo amplifica.

Analistas han señalado algo elemental: si Ramírez Cuevas está seguro de que le asiste la razón, el camino lógico sería someterse a una investigación y, eventualmente, presentar una denuncia por daño moral. En política, como en la vida pública, sigue vigente una máxima: el que nada debe, nada teme.

¿Conocimiento o consentimiento?

La publicación del libro abre una interrogante delicada: ¿habría visto la luz sin el conocimiento o la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum? Ramírez Cuevas no es un personaje marginal del pasado; es un colaborador cercano del actual gobierno.

Si la Presidenta desconocía el contenido, el libro se convierte en una bomba política que estalla dentro de su propio equipo. Si lo conocía, entonces cabe preguntarse hasta dónde está dispuesta a tolerar que se exhiban las costuras del obradorismo, aun a costa de dañar a uno de los suyos.

En cualquier escenario, el impacto no es menor. El texto no sólo revisita el pasado reciente; amenaza con proyectar sombras sobre el presente.

La guerra que apenas empieza

Hay quienes aseguran que la respuesta no tardará en llegar desde otro flanco. Integrantes del círculo íntimo de aquellos años podrían romper el silencio y ofrecer su propia versión de eventos y decisiones cuestionables, algunas de las cuales involucrarían directamente a Scherer Ibarra. Si eso ocurre, estaremos ante algo más que un debate literario: una guerra de memorias desde el corazón mismo del poder.

El poder también escribe y cobra factura

Ni venganza ni perdón no es un libro cómodo ni para el oficialismo ni para la oposición. Es un recordatorio de que el poder, cuando se fractura, habla. Y cuando habla, arrastra consigo verdades incómodas, medias verdades y silencios estratégicos.

Descalificarlo como un acto de odio es una salida fácil. Refutarlo con hechos sería un acto de responsabilidad pública. Mientras eso no ocurra, el libro seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: desnudar al poder, exhibir sus entrañas y recordar que, aun en la cuarta transformación, nadie está por encima del escrutinio.