El PRI recién cumplió 97 años y Alejandro Moreno usó la conmemoración para mandar dos mensajes fuertes: rechazo a la reforma electoral del gobierno federal y llamado a construir una alianza opositora rumbo a 2027 y 2030.
El llamado resalta por la posición desde la que habla el priismo. Durante décadas, el PRI organizó el sistema político, repartió poder territorial y dominó el Congreso.
Hoy reitera su intención de presentarse como pieza de una suma mayor, pero en un contexto distinto. El PAN, con Jorge Romero a la cabeza, y Movimiento Ciudadano, con Jorge Álvarez Máynez, anunciaron que irán solos en el próximo proceso electoral.
LA HEGEMONÍA
El PRI nació en 1929 bajo otra sigla, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), y construyó una maquinaria que marcó la vida pública durante gran parte del siglo XX. En los años setenta y ochenta empezó a soltar espacios por presión social, apertura política y desgaste económico.
La elección de 1988 exhibió una crisis de legitimidad, es decir, una pérdida de confianza generalizada con señalamientos de fraude contra ese proceso electoral. En el año 2000 llegó la alternancia presidencial con el triunfo del PAN.
El priismo mostró capacidad de regreso en 2012. Recuperó la Presidencia y empujó reformas con el Pacto por México, un acuerdo legislativo entre partidos para cambiar leyes y la Constitución. Ese ciclo volvió a colocar al PRI en el centro de las negociaciones nacionales.
Después vino, de nuevo, la debacle. Escándalos de corrupción, gasolinazos y gobernadores propios en la cárcel redujeron su fuerza.
En los últimos años perdió gubernaturas, espacios en el Congreso y militantes. Y parte de esa fuga terminó principalmente en Morena, incluso con exgobernadores que después ocuparon cargos diplomáticos.
LA CAÍDA
El llamado de Alito Moreno busca vender una lógica inmediata. Si la oposición compite fragmentada, Morena arrasará. Caso contrario que ir en unidad, que les daría más triunfos electorales.
Además, quiere aprovechar la debilidad actual del oficialismo por las diferencias internas que enfrentan por la discusión de una nueva reforma electoral.
Pero un bloque PRI, PAN y Movimiento Ciudadano enfrenta un problema social y político. El PAN conecta más con voto urbano, empresarial y conservador.
El PRI conserva estructuras locales, operadores territoriales y presencia en zonas rurales o corporativas, además de buscar la simpatía de sectores identificados con “la derecha”.
Movimiento Ciudadano apunta a otro segmento. Jóvenes de la generación Z y votantes que rechazan tanto a Morena como al PRI tradicional.
Juntar esos electorados en una sola marca resulta casi imposible porque sus identidades políticas compiten entre sí.
SOBREVIVIR AL CENTENARIO
Con la llegada de Jorge Romero a la dirigencia panista, el PAN optó por competir solo. Para Movimiento Ciudadano, aceptar esa coalición implicaría cargar con el peso simbólico del priismo ante un público que valora distancia sana con los partidos tradicionales.
Esa decisión deja al PRI en posición precaria. Su llamado a la unidad opositora ya no suena a una propuesta entre iguales, sino a urgencia y necesidad desesperada.
De esta forma, el PRI enfrenta una paradoja al acercarse a su centenario en 2029. Necesita aliados para seguir siendo relevante, pero una alianza en elecciones intermedias también puede acelerar su desaparición.
Así, el partido que fue hegemónico ahora pone sus esperanzas de supervivencia en una gran coalición opositora. Necesitará un buen tanque de oxígeno en las elecciones de 2027 para cumplir sus 100.
EL DATO INCÓMODO
Dicen que el huachicol se acabó, pero los reportes de Pemex dicen lo contrario. En 2025 las pérdidas por robo de combustible crecieron 14% y alcanzaron 23 mil 491 millones de pesos. Es el mayor quebranto desde 2018, según El Universal.



