Padrón electoral, el premio mayor de la reforma electoral

El padrón electoral es el botín clave en la reforma, pues controlar los datos garantiza elecciones confiables.



En la discusión de la próxima reforma electoral hay un tema que no puede perderse entre discursos sobre ahorro, plurinominales o burocracia. El padrón electoral. Ahí está el verdadero botín.

Y es que quien controla el padrón controla la elección. No el día de la votación, sino antes. Porque este instrumento es el que garantiza el principio de una persona, un voto, bajo la custodia de una autoridad autónoma.

COSTÓ DÉCADAS

México no siempre tuvo un padrón confiable. Durante la hegemonía del viejo PRI, la frase “hasta los muertos votan” no era metáfora. Era el pan de cada elección. Padrones inflados, duplicados, rasurados selectivos y manipulación abierta.

Por eso la creación de un órgano autónomo electoral hace 25 años tuvo una prioridad absoluta. Borrar todo y empezar de cero. Reempadronar a la ciudadanía, depurar registros y construir una credencial con fotografía, datos biométricos y controles estrictos.

Fue caro. Tomó tiempo. Y mucho esfuerzo. Pero funcionó. Hoy el padrón tiene casi 100 millones de registros y es considerado una de las bases de datos más confiables, no sólo en México sino en el mundo. Sin muertos. Sin duplicados. Sin sesgo partidista. Ese logro no es menor. Es la columna vertebral de elecciones creíbles.

PREMIO MAYOR

Precisamente por eso, el padrón se volvió un objeto de deseo permanente para el poder político.
Desde su creación, distintos gobiernos han intentado acceder a él con distintos pretextos. Crear una cédula única. Unificar identidades. Modernizar registros. Centralizar información.

En todos los casos, el argumento fue administrativo. Y en todos los casos, el riesgo fue político.
La Secretaría de Gobernación (Segob) ha intentado en varios sexenios trasladar los datos del padrón a una identidad nacional única. Ningún intento ha prosperado. No por capricho del INE, sino por algo elemental. Mover el padrón a manos del gobierno rompe la neutralidad electoral.

LA ALERTA

Hoy las alarmas se encendieron de nuevo. La impresión de credenciales de elector estará a cargo de un consorcio donde participa Talleres Gráficos de México, un organismo de la Segob.
Por primera vez, una entidad del Poder Ejecutivo podría acercarse al corazón operativo de la credencialización.

Las consejeras electorales Carla Humphrey y Arturo Castillo expresaron sus dudas. No se trata sólo de imprimir plásticos. Se trata de manejar información altamente sensible. Nombre. Domicilio. Fotografía. Datos biométricos. Oro puro para campañas políticas.

Aunque el INE afirma que el padrón seguirá bajo su resguardo, los datos necesariamente tienen que salir del instituto para ser impresos. Y cada salida representa un riesgo.

No son miedos ni paranoia. México tiene antecedentes. En 2003, datos del padrón terminaron en manos de una empresa estadounidense. En 2009, listas nominales se vendían en internet. En 2014, otra base apareció pública. En 2018, se ofrecía el padrón en MercadoLibre.

El riesgo no es sólo electoral. También es comercial. Criminal. De vigilancia. Un padrón vale oro en el mercado negro. Y vale aún más en una elección cerrada.

LO QUE VIENE

La reforma electoral está por discutirse. Y ahí también debe estar el foco. No sólo en reducir costos, modificar consejeros o cambiar reglas de acceso al poder.
El padrón es un dique. Si esa frontera se cruza, todo lo demás deja de importar. Por eso es el premio mayor. Y por eso, es el punto que más vigilancia ciudadana exige.

EL DATO INCÓMODO

La inseguridad en carreteras duplicó los reclamos del transporte de mercancías en 2025: 64 mil 615 reportes, según la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. ¿Y la Guardia Nacional?