Pateando el bote: el salvavidas financiero de Pemex

Pemex refinancia deuda millonaria sin cambios estructurales, al estilo de un club de fútbol que paga pasivos pero no mejora su juego.


JESÚS VACA

¿Qué pensarías si tu equipo anuncia una inversión millonaria histórica? Seguramente en refuerzos de lujo, infraestructura, llevar el equipo a otro nivel. ¿Y si descubres que no llega ningún refuerzo, sino que el dinero se fue en pagar sueldos y fichajes atrasados que no sirvieron? Ese fue el anuncio de Pemex hace unos días.

La petrolera anunció la mayor emisión corporativa en la historia del mercado mexicano por 31.5 mil millones de pesos. En términos más simples: emitió instrumentos de deuda por esa cantidad, o bien, se endeudó. ¿Para qué? No para invertir en exploración, infraestructura ni modernización operativa, más bien para el pago de pasivos financieros con vencimiento en 2026. Pemex pidió prestado a largo plazo, para pagar la deuda de corto plazo. Es decir, pagó deuda con más deuda.

Antes de continuar, es importante mencionar que el monto de esta emisión equivale aproximadamente al 10% de los compromisos que la empresa enfrenta ese año, por lo que es razonable anticipar nuevas operaciones similares en los próximos meses. El contexto es complejo. La petrolera mantiene una deuda financiera cercana a los 100 mil millones de dólares, además de pasivos con proveedores que rondan los 23 mil millones de dólares.

El refinanciamiento no es negativo per se. Puede ser una herramienta útil cuando se mejora el perfil de vencimientos, se obtienen mejores tasas o se gana tiempo para implementar reformas estructurales que eleven la productividad y fortalezcan el flujo operativo. El problema surge cuando el refinanciamiento sustituye al cambio estructural. Cuando se convierte en una estrategia de supervivencia financiera.

En términos llanos, se está “pateando el bote”. Si no hay cambios estructurales en el modelo de negocio, en la eficiencia operativa y en la disciplina presupuestal, el ciclo se repite. La deuda vence, se refinancia, vuelve a vencer, y así sucesivamente. Con el refinanciamiento, un problema de liquidez en el corto plazo se traslada al largo plazo, pero no desaparece.

Llevemos esto al futbol, que siempre ayuda a poner las cosas en perspectiva. Imagine que la dirigencia de su equipo favorito anuncia con bombo y platillo una inversión millonaria e histórica para el club. El aficionado sueña con refuerzos de lujo, con mejoras en el estadio o en las fuerzas básicas. Pero días después se informa que el dinero fue destinado a cubrir nómina atrasada y la liquidación de un fichaje bomba que no funcionó el torneo pasado, pero que dejó endeudado al equipo.

No hay refuerzos. No hay nuevo proyecto. En el corto plazo, el club evita la quiebra. Se paga lo urgente. Se respira. Pero en la cancha se sigue jugando igual. El equipo no juega mejor con ingeniería financiera; se gana con goles, estrategia y disciplina.

Algo parecido ocurrió con el Barcelona en la era de Josep Maria Bartomeu. Mientras el club hablaba de inversiones históricas y expansión global, buena parte de los flujos se destinaban a cubrir salarios desbordados y compromisos ya adquiridos. Se activaron mecanismos financieros para ganar tiempo, pero no se corrigió a fondo la estructura de costos ni la planeación deportiva. El resultado fue una crisis institucional y financiera de la cual parece que apenas se están recuperando.

En conclusión, el refinanciamiento de Pemex no es, por sí mismo, una solución estructural. Puede ayudar a quitar presión sobre las finanzas en el corto plazo, pero no sustituye la reforma estructural necesaria profunda y urgente que eleve la productividad, eficiencia y rentabilidad de la petrolera. En economía, como en el futbol, se puede ganar tiempo desde el escritorio, pero los partidos se ganan en la cancha. Y sin cambios estructurales, el equipo seguirá jugando igual.