En esta semana, Pemex destacó su solidez y buen desempeño financiero, reflejado en la reducción de su deuda, que alcanza niveles mínimos en la última década. Sin embargo, hay que matizar ese optimismo: Pemex sigue siendo la petrolera estatal más endeudada del mundo, con pasivos superiores a 84,500 millones de dólares (1.5 billones de pesos), equivalentes a más del 13% del presupuesto federal. Gran parte de esta mejora no responde a un fortalecimiento operativo, sino al respaldo del gobierno federal.
El apoyo gubernamental, mediante aportaciones de capital, reducciones fiscales y refinanciamientos, ha sido clave para evitar un deterioro financiero mayor. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público diseñó un plan estratégico para estabilizar la empresa y mejorar su perfil de deuda, con éxito parcial. Sin embargo, las agencias calificadoras mantienen a Pemex por debajo del grado de inversión, considerando que el Estado ya hizo todo lo posible sin comprometer severamente las finanzas públicas, y ahora la responsabilidad recae en la empresa.
Una opción para recuperar la calificación financiera sería que el gobierno garantice el 75% de la deuda, pero esto trasladaría una carga significativa al balance soberano, aumentando el riesgo sobre la calificación crediticia del país. Pemex se asemeja a un equipo en riesgo de descenso: sobrevive gracias a rescates financieros y medidas de emergencia, pero no mejora su rendimiento operativo ni su eficiencia.
El respaldo gubernamental evita un colapso inmediato, pero no construye un proyecto competitivo. Para recuperar el grado de inversión, Pemex necesita mejoras estructurales, incluyendo eficiencia operativa, disciplina financiera, control de gastos, pago puntual a proveedores y una estrategia de largo plazo.
El riesgo de no actuar es alto: podría generar mayor presión financiera, pérdida de confianza y encarecimiento del financiamiento. Los rescates permanentes no son una estrategia sostenible. El mensaje es claro: los salvamentos financieros compran tiempo, pero no sustituyen las reformas internas. Pemex ha evitado varias veces el descenso, pero ahora debe mejorar su juego, porque en la economía, como en el futbol, no se puede vivir del milagro del último minuto.



